Las Rondas y Las Razas

[Artículos Teosóficos]



egún un axioma teosófico fundamental, nadie debería aceptar ninguna declaración de hecho, principio o teoría, como si fuese indiscutible y verdadera, si antes no lo ha verificado por sí mismo. Por lo tanto, esto elimina aquella creencia ciega que a veces se confunde con fe, pero no excluye razonable confianza en el testimonio. Según comprendemos esta regla, deberíamos siempre mantener un confín claro y distinto entre lo que sabemos, y lo que aceptamos sólo temporalmente basándonos en el testimonio de los que tuvieron una experiencia más amplia, hasta que alcanzamos un punto de vista desde el cual podemos captar su verdad. Es un deber hacia nosotros ampliar la esfera del conocimiento claro, haciendo retroceder lo más posible el confín de la opinión y de la hipótesis.

El campo del saber consta de muchas áreas. Nuestros sentidos físicos nos proporcionan una clase de conocimiento, nuestros poderes intelectuales investigan otro campo de líneas matemáticas y aún otra facultad nos permite aprender las enseñanzas éticas, haciéndolas remontar a su verdadera base en el karma. Se está empezando a ver y a apreciar el hecho de que tenemos otras facultades momentáneamente latentes, pero una vez desarrolladas, nos permitirán de entrar en otros campos de observación e investigación. Entre los temas que el ser humano examinará en el futuro, existe un amplio campo de verdad concerniente a la evolución, la expiración del Gran Aliento, el nacimiento, el desarrollo de una cadena de globos y de la vida humana sobre esta. Una parte de este conocimiento nos lo han impartido los que afirman saber, además, resulta ser muy útil, quizá por la luz que infunde en nuestro medio ambiente, destino y deber.

Nosotros recibimos los sentidos más amplios de este bloque de verdad en manera esquemática, pues las informaciones detalladas las encontramos sólo cuando alcanzamos esta tierra. Pero basándonos sobre las alusiones expresadas y razonando según la doctrina de la correspondencia, “como arriba, así abajo,” podemos deducir muchas cosas respecto a los demás globos y sistemas. Pero estas teorías resultarán benéficas y útiles cuando nos familiarizemos profundamente con las cosas que nos han sido reveladas en lo que concierne a nuestro medio ambiente.

Leyendo lo que se ha escrito acerca de la evolución de nuestra cadena planetaria, resulta claro que algunos autores tenían ideas confusas sobre el tema, o dificultad en encontrar vocablos aptos para expresar claramente el asunto en manera coherente, creando así confusión y contradicción. Según mi opinión el artículo titulado “Evolución,” impreso en el Path de Julio 1892, se presta a esta objeción. Por lo tanto, pido permiso al editor para contribuir brevemente a la obra, aclarando un poco el asunto.

La cadena planetaria consiste de siete globos compañeros que para simplificar el trabajo los llamaremos A, B, C, D, E, F y G. Nosotros estamos en el globo D, el cuarto de la cadena. El curso de la evolución comienza en el globo A, procediendo a intervalos regulares por los globos B, C, D, E, etc. Al principio, el globo A fue el primero en desarrollarse, proporcionando a la vida que lo poblaba un cierto nivel evolutivo. Cuando el globo B comenzó a existir, el flujo de vida pasó del A al B, donde adelantó de un estado sucesivo. Al desarrollarse el globo C, este recibió la corriente de vida para que cumpliese otro escalón en su estado de progreso y así sucesivamente, hasta que al final de la primera ronda el globo G se desarrolló, proporcionando el campo para el progreso más adelantado posible en esa ronda.

Las mónadas, el flujo de vida, habiendo completado la primera ronda, o sea el primer giro de la corriente de vida por los siete globos, del A al G, volviendo al globo A, comenzando la segunda ronda, o el segundo giro por la cadena. Sin entrar en detalles, es suficiente decir que se han completado tres rondas, mientras la cuarta está aún activa y nosotros ocupamos el globo D. El flujo de vida ha pasado tres veces del globo A al G y ahora, en su cuarto giro alrededor de la cadena, ha alcanzado al globo D.

Omitiendo completamente por el momento lo que aconteció durante las tres rondas anteriores, y lo que pasó en los globos A, B y C en esta cuarta ronda, consideremos lo que ocurrió en el globo D desde que el flujo de vida lo alcanzó esta cuarta vez, aún suponiendo la afirmación general según la cual este globo se agotará y la corriente de vida preparada para pasar al globo E, cuando las siete razas raíces hayan terminado su curso aquí. A cada raza raiz se le divide en siete sub-razas y estas últimas en siete razas familias y así sucesivamente. Estas divisiones y subdivisiones se siguen recíprocamente, sin coexistir, salvo en el caso en el cual una raza anterior, o su división pueda vivir más que su tiempo, participando en la raza o división sucesiva. Desde que el flujo de vida alcanzó el globo D en esta cuarta ronda, cuatro razas raíces han terminado su curso sobre esto, mientras la quinta raza raíz ha alcanzado su quinta subdivisión o sub-raza a la cual pertenecemos. Según las enseñanzas, la quinta sub-raza se está preparando en América para la transición o la transformación en la sexta sub-raza. No está completamente claro si nosotros en los Estados Unidos pertenecemos a la séptima raza familia de la quinta sub-raza, o a la primera raza familia de la sexta sub-raza. Parece cierto que estamos próximos al punto de transición, a menos que intervenga un período de pralaya.

La sexta y la séptima sub-raza de la quinta raza raíz, deben cumplir su ciclo y estas seguirán la sexta y la séptima raza raíz con sus varias subdivisiones, antes de que el flujo de vida pase de nuestro globo D al globo E, empezando allí su ulterior evolución. Por analogía, podemos deducir que, para completar la obra de aquel globo, serán necesarias siete grandes razas. Lo mismo acontecerá en los globos F y G, antes que la cuarta ronda termine y el flujo de vida esté preparado a pasar al globo A para empezar la quinta ronda.

Resumiendo, diremos que la cadena planetaria consiste de siete globos, durante su existencia el flujo de vida pasa siete veces alrededor de ella partiendo del globo A hasta el G y a estos giros se les llaman rondas. El flujo de vida, después de haber alcanzado un globo en cada ronda, se queda allí hasta que complete siete razas raíces divididas en 49 sub-razas y 343 razas familias.

Debemos tener presente que la corriente del flujo de vida no es continua, sino que tiene sus flujos y reflujos. Al final de cada ronda y antes que la otra comience, existe un período de reposo o pralaya, que acontece después de cada globo en la ronda. Similarmente, el descanso o pralaya precede y sigue cada, sub-raza, etc. Este artículo no se propone, aún si fuese posible, desarrollar en manera detallada el esquema en su totalidad, sino que presentar en forma clara las ideas generales, llamando especialmente la atención a la distinción entre las rondas y las razas. Las siete rondas son los siete circuitos alrededor de la cadena entera, mientras que las siete razas raíces son siete flujos de vida, o siete repeticiones del mismo flujo (que se alternan consecutivamente en cada globo antes de dejarlo). En cada globo existen siete razas raíces. En cada ronda 49 razas raíces, y 343 razas raíces en las siete rondas que completan la vida de la cadena planetaria.

Al estudiar este tema debemos tener presente que, aún muchos párrafos en La Doctrina Secreta se refieren a la cosmogonía, a la evolución del sistema solar y a nuestra cadena planetaria, la mayoría de la obra se enfoca en la evolución de la humanidad sobre el globo D durante la cuarta ronda. Tampoco debemos olvidarnos que los grupos de mónadas discutidos en “Puntos de Vista Teosóficos” en el sexto volumen de Lucifer, no se deben considerar idénticos a las siete razas raíces por las cuales pasa la hueste monádica en cada globo de cada ronda.

El esquema del curso evolutivo por las Siete Eternidades de un maha-manvantara es mecánico y burdo; es solamente un esqueleto que debe ser cubierto de músculos y tendones, leyendo entre líneas, antes de comprender sus verdaderas relaciones y proporciones. Las siguientes citaciones de La Doctrina Secreta, quizá infundirán un rayo de luz respecto al enlace entre los globos de la cadena que:

Seguramente deben estar en planos diferentes y superiores. En pocas palabras, como globos se INTERPENETRAN con nuestra tierra, pero no son CONSUBSTANCIALES con ella. (Vol. I, pag. 166, v.o.).

Al mencionar los otros mundos [...] el ocultista no coloca estas esferas ya sea fuera o en el interior de nuestra Tierra [...] en cuanto no se encuentran en ningún sitio del espacio conocido y comprendido por el profano. Es como si estuvieran mezcladas con nuestro mundo, interpenetrándolo y al mismo tiempo siendo interpenetras por este. (Vol. I, pag. 605, v.o.).

Según la opinión de Walker, expresada en una nota en la página 265 de su obra (edición Lovell), las cifras (siete planetas, siete rondas, siete razas, etc.), son simplemente símbolos, pero si son símbolos aún en este caso, deben aprenderse claramente antes de comprender las verdades que representan.

—Alpha

Path, Diciembre 1892


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