Evolución

[Artículos Teosóficos]



esde un punto de vista teosófico, el término evolución es el más apropiado para tratar la génesis de la humanidad y de las cosas, pues representa aquel proceso considerado muy a menudo en los libros antiguos de los cuales se han extraído las doctrinas de la religión sabiduría. En el Bhagavad-Gita Krishna dice que “al comienzo del día de Brahma, todo emerge del principio no-desarrollado, mientras al llegar de la noche de Brahma, todo se resuelve en él de nuevo,” continuando tal proceso de edad en edad. Lo que antecede, corresponde exactamente a la definición de la palabra evolución en nuestros vocabularios, según los cuales es un proceso de aparición o desarrollo. Los días y las noches de Brahma son períodos inmensos durante los cuales la evolución procede. El día representa la la manifestación de todo, mientras la noche es su periódico re-absorbimiento en el Absoluto.

Entonces, si todo ha evolucionado, la palabra creación sólo puede aplicarse a una combinación de elementos ya en existencia, ya que la materia primordial o su base no puede ser creada.

La base del sistema teosófico es evolución, pues según la teosofía, todo existe ya en esencia, pero periódicamente se manifiesta en armonía con la ley inherente en el Absoluto. Entonces, la siguiente pregunta que nos haríamos espontáneamente es ¿cuál es esta ley inherente del Absoluto? No obstante no conocemos ni podemos conocer al Absoluto, tenemos una cantidad suficiente de datos que nos permite llegar a la conclusión según la cual, su ley inherente consiste en una periódica aparición desde lo subjetivo hacia lo objetivo y su retorno al primer estado, continuando este proceso sin cesar. En el mundo objetivo tenemos una analogía en la salida y la puesta del sol, cuando la naturaleza despierta diariamente y cuando descansa. Como dice H.P.B., para nosotros, el sol se levanta de lo subjetivo, y por la noche retorna a lo subjetivo, permaneciendo en el plano objetivo durante el día. Substituyendo el término lugar o sitio con estado, como deberíamos hacer en realidad cuando tratamos de delinear correspondencias entre los mundos, y llamando Absoluto lo que anteriormente era el sol, tenemos una imagen perfecta, pues el Absoluto sube sobre el horizonte de la consciencia desde el estado subjetivo y se acuesta de nuevo para ella al llegar la noche, o sea la noche de Brahma. Dicha ley de periodicidad equivale a la de los ciclos, que, como vemos, gobierna en todos los departamentos de la naturaleza.

Asumamos como punto de partida el principio de este período de manifestación, de modo que obtengamos una rápida idea panorámica de la evolución desde un punto de vista teosófico. Lo que en aquel momento se proyectó en el mundo objetivo debe haber sido la vida misma, la cual bajo la acción de la ley de diferenciación, se separó en un amplio número de vidas que podemos llamar individuales, cuya cantidad es imposible calcular con una mente finita. En el sistema hindú se les llama Jivas y Jivatman. Estas vidas contienen el plan completo que se debe seguir durante el período completo de manifestación, pues cada vida es una pequeña copia del gran Todo de donde provino. Las mentes estudiosas tropiezan aquí con una dificultad que merece ser considerada, pues podrían preguntarse: ¿Qué hacemos con lo que llamamos materia, cuál es el medio empleado por las vidas para manifestarse?

Responderemos que lo que llamamos materia, es una ilusión, y no es la materia real, pues esta última, que a veces en Europa se le llama materia primordial, es invisible. La verdadera materia es en sí simplemente otra forma de la vida emitida al principio, pero en un estado menos perfecto de diferenciación, y las energías internas proyectan sobre una pantalla de esta real materia, las imágenes que llamamos materia, confundiéndola con la real. Entonces, podremos preguntar: ¿No nos han conducido a suponer que eso que supuestamente era materia, pero que ahora usted dice que es una ilusión, es algo absolutamente necesario para que el alma pueda adquirir experiencia en la naturaleza? A esto yo respondo que ese no es el caso, sino que la materia que el alma necesita para adquirir experiencia es la verdadera materia invisible. Es el tipo de materia de la cual están compuestos los cuerpos psíquicos, y esos otros tipos de materia sin llegar al espíritu. Esto es a lo que se refiere el Bhagavad-Gita cuando dice que espíritu (purusha) y materia (prakriti) son co-eternos y son indivisibles el uno del otro. Lo que nosotros y la ciencia llamamos generalmente materia, no es más que nuestra cognición limitada y parcial del aspecto fenoménico de la verdadera materia primordial. El hecho de que por lo general los individuos tienen la misma cognición de los objetos parecidos, o sea, que las cosas cuadradas son cuadradas y la sombra es la misma para toda persona normal, no confuta la posición anteriormente expresada. Pues, hasta en nuestra experiencia notamos la existencia de lo que llamamos un cambio colectivo de cognición. Por lo tanto, es posible que todo individuo normal se encuentre simplemente en un solo plano de conciencia donde no es todavía capaz de percibir algo más. Mientras que en el caso de una persona hipnotizada, cada cosa le parecerá diferente, según la voluntad del hipnotizador. Esto sería imposible si en los objetos hubiese alguna realidad inherente propia, separada de nuestra conciencia.

Al fin de justificar una discusión concerniente al sistema evolutivo teosófico, es necesario notar si se diferencia radicalmente de lo que el mundo acepta, ya sea en el ambiente científico o teológico. La existencia de tal distinción es evidente y consideraremos primero aquella existente entre el sistema teosófico y teológico, que concierne principalmente a la génesis del ser interior, aún la teología declara que sabe algo acerca de la genealogía de la raza. La iglesia ya dice que el alma de cada ser humano es una creación especial en cada caso, o permanece en silencio sobre el asunto, dejándonos lo que un tiempo solíamos decir en “las manos de la providencia misericordiosa” que al final, no explica para nada el tema. Pero cuando se presenta la interrogante sobre la raza el cura cita la Biblia diciendo que todos somos descendientes de una pareja, Adán y Eva. En este punto la posición de la teología es más firme que la de la ciencia, pues esta última no tiene dato todavía si debemos nuestro origen a una pareja, macho y hembra, o a muchas. La teosofía difiere de la iglesia en cuanto afirma que sólo Paramatma es un PRINCIPIO único, eterno, inmutable, omnipresente y común a todas las criaturas de todo nivel, por lo tanto, nunca fue creado, el alma del ser humano se desarrolla, es la consciencia misma, y no ha sido creada especialmente para cada ser humano nacido en la tierra, sino, durante innumerables encarnaciones, asume diferentes cuerpos en períodos distintos. A la base de esto debe radicar la proposición según la cual, durante cada Manvantara o período de manifestación, existe un número definido de Egos o almas, que se proyectan en el flujo evolutivo prevaleciente en dicho período o manvantara. Obviamente, este tema es ilimitado y la mente de los que lo estudian vacila al considerar la amplia cantidad de sistemas y mundos donde el mismo proceso acontece con un número definido de Egos. Naturalmente, no quiero decir que existe un número definido de Egos en todo el conjunto de sistemas en los cuales podemos imaginar que la evolución esté aconteciendo, porque al considerar la masa total no resultaría tan definitivo, en cuanto equivaldría a medir el Absoluto, nos permite decir que existe un número definido de Egos en aquel sistema particular considerado. Esta es una de las necesidades de nuestra conciencia limitada. Siguiendo la discusión emprendida concluimos que en la gran ola evolutiva, que se refiere al sistema al cual este planeta pertenece, existen tantos Egos totalmente desarrollados o en un estado latente. Estos han recorrido la rueda del renacimiento y continuarán haciéndolo hasta que la ola encontrará y se transformará en otra. Por lo tanto, no puede crearse un alma particular para los varios seres humanos nacidos en la tierra, además, si tal creación fuese posible, el espíritu estaría sujeto a la ilusión, o sea, a los simples cuerpos humanos. Desde luego, con respecto a la teología, negamos las siguientes tres proposiciones según las cuales hay una creación particular de almas, existe alguna posibilidad que este mundo o algún otro, es, fue, o podría haber sido creado, y la raza humana haber descendido de una pareja.

Analizar la diferencia entre nuestra teoría y aquella científica es simple. Por lo que concierne al interrogante del progreso, como el ser humano pueda adelantar y civilizarse, y si fuese posible algún progreso si las teorías fueran verdaderas, creemos que no habría ningún adelanto si la ley evolutiva como se enseña en las escuelas fuese verdadera aún desde un punto de vista material. En este caso, mantenemos una posición diametralmente opuesta a la ciencia, según la cual la raza terrestre actual puede pertenecer a una estirpe que durante su infancia era ruda y bárbara, tenía un conocimiento poco superior a los animales, vivía como ellos y adquirió todo su conocimiento mediante la experiencia obtenida en la competencia con el resto de la naturaleza a través de su desarrollo. Por lo tanto, nos ofrecen la edad paleolítica, neolítica, etc. En este esquema no nos muestran como el hombre llega a tener ideas innatas. Todavía, existen algunas personas que, dándose cuenta de la necesidad de ofrecer explicaciones, intentan hacerlo en diferentes maneras y es un fenómeno de máxima importancia. La teosofía lo explica en un modo que divulgaremos en seguida.

—W.Q.J.

Path, Agosto 1890


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