Reflexiones sobre el Karma

[Artículos Teosóficos]



n nuestro diario vivir, notamos que las circunstancias positivas y negativas afectan a muchas personas. A veces acontecen de golpe, mientras en otras ocasiones se reparten en largos períodos de tiempo. Algunas personas pasan la existencia en una situación miserable, otras experimentan lo opuesto y un tercer grupo experimenta la felicidad y la tristeza cíclicamente. Obviamente, me estoy refiriendo a las circunstancias de la vida, prescindiendo del efecto causado en la mente del individuo, pues, puede pasar que un individuo en situaciones contrarias no se sienta triste, en cuanto es capaz de extraer el bien de la condición difícil en la cual se encuentra. Todo esto es el karma de los que experimentan tal situación, por lo tanto, nos impulsa a demandarnos si es posible experimentar el karma de repente, o si se reparte por un largo período de años y si las circunstancias de esta vida son la suma total de la existencia anterior.

Cuando preguntaron a un místico bien conocido el sentido del versículo en la Biblia según el cual los pecados del padre se repercutirán en los hijos hasta la tercera generación, él contestó narrando la siguiente historia a un místico alemán de este siglo:

“Una vez, en Oriente, vivía un rey que tenía un hijo, el cual cometió un acto cuyo castigo consistía en la lapidación por medio de una gran roca. Pero, habiendo comprendido que todo esto no hubiera reparado la ofensa, ni hubiera dado al ofensor la posibilidad de convertirse en un ser mejor, según los consejeros del rey, la roca hubo de romperse en trozos pequeños, lanzándoselos al hijo del rey, a sus hijos y a sus nietos, en cuanto pudieran soportar tal castigo. Esto aconteció y en cierto sentido todos sufrieron, pero nadie fue matado.” Alguien señaló que en este caso los hijos y los nietos no habrían nacido en la familia del príncipe si en el pasado, o sea en vidas anteriores, no hubiesen afectado en algún modo la formación del carácter del príncipe, razón por la cual deberían en parte compartir su castigo. Esta es la única interpretación posible del versículo de la Biblia, si admitimos que el Dios de los cristianos es justo.

Todo Ego está atraido al cuerpo en el cual recibirá lo que se merece, pero existe aún una razón más, en cuanto, no solo el cuerpo proporciona una oportunidad para su justa recompensa o castigo, sino aún por lo que estaba relacionado a la familia en la cual el cuerpo nació, en cuanto le pertenece también la herencia en que se encuentra. Por lo tanto, no es solamente un asunto de merecimiento y de similitud, sino que de responsabilidad. La justicia manda que el Ego sufra o goce prescindiendo en cual familia se encarne. Las afinidades decretan su entrada a un núcleo familiar en que existan algunas características semejantes a una o a muchas de las suyas, que ejercitan una fuerza atrayente. Pero la responsabilidad, un componente de la justicia, impulsa al Ego a reencarnarse en la raza, nación o familia, en que yace su responsabilidad, debido al papel que jugó en esa durante las vidas anteriores, formando el carácter general o afectando aquel flujo hereditario que tanto influencia a los que están involucrados por esto. Por lo tanto, es justo que aún los nietos sufran, si anteriormente participaron en la formación de la familia o en la creación de un sistema social que es nocivo para los que, mediante la reencarnación, están sujetos a esto. Con el término responsabilidad, quiero decir algo compuesto de similitud y justicia. Tal vez existan otras palabras capaces de describirla bien y probablemente en la condición actual del ingles las haya. Un Ego podría no tener ninguna responsabilidad directa hacia la familia, la nación o la raza y aún reencarnarse allí. En tal caso, la afinidad de carácter causa el nacimiento en un cierto lugar, porque el ser que llega a la habitación de los mortales, similarmente a la electricidad, es atraido por el sendero de menor resistencia y de la mayor conductibilidad. Pero el Ego que se reencarna, basándose sobre principios exactos de justicia, decidirá donde es directamente responsable respecto a la familia o a la condición racial, y, encarando sus obligaciones, nacerá donde recibirá, aún como nieto, las consecuencias físicas o de otra índole de sus actos anteriores. Toma esta decisión cuando emerge del Devachan, por lo tanto es completamente justa, no obstante que el nuevo cerebro físico ya capte o no, los hilos perdidos de la memoria.

Desde luego, en nuestra civilización actual, estamos todos sujetos a las penalidades de los pecados de nuestros antepasados, viviendo en cuerpos que según las pruebas médicas están llenos de enfermedades cerebrales, corporales y sanguíneas. Nosotros causamos estas perturbaciones en siglos anteriores, ignorando tal vez que las consecuencias tendrían repercusiones tan largas, pero esa ignorancia mitiga solo la responsabilidad moral superior, tendiendo a limitar los resultados al sufrimiento físico. Como acontece muy frecuentemente, esto puede impulsar a muchos Egos reencarnantes a esforzarse hacia una reforma general.

A causa de esta creencia, los antiguos intentaron formar y mantener en la India un flujo familiar puro como la casta superior de los brahmanes, pues sabían que si esto fuese posible, una línea familiar tan pura, desarrollaría el poder de rechazar a los Egos inadecuados a la índole de ese flujo de vida, que estaban para reencarnarse. Por lo tanto se reencarnarían en este ambiente solo los maestros naturales dotados de un grado espiritual y moral elevado, que actuarían como regeneradores y salvadores de las demás clases. Pero bajo la ley férrea de los ciclos, con el tiempo degeneró hasta el punto que hoy existe solo una imitación del original.

Según una variación de la historia oriental narrada al principio, los consejeros del rey le sugerieron que los pedazos de roca se le debían lanzar al príncipe. Por lo tanto él no murió, pero sufrió mientras le lanzaban los trozos de roca. Esto nos presenta otra ley kármica según la cual, una cierta cantidad de carácter kármico puede afectarnos en su totalidad de repente, o puede ser repartida a pequeños intervalos, cuya suma representa la masa completa de la fuerza kármica. Esto es lo que vemos en la vida. Durante muchos años, las personas sufren una gran cantidad de karma negativo, que si lo experimentaran de golpe los volvería locos. Esto acontece, pues conocemos personas que de pronto la suerte los ha arruinado.

Notamos esta ley aún en la física, desde luego un sólo golpe puede romper un fragmento de vidrio, pero el mismo resultado es posible repartiendo la cantidad idéntica de fuerza en un número de golpes repetidos continuamente. Vemos obrar la misma ley también en el campo de las emociones. Aún las personas más ignorantes saben que no se comunica una mala noticia de golpe al que debe recibirla, sino que la impartimos gradualmente y, muy a menudo, la persona que oye de repente de algún desastre se siente abatida. En ambos casos, el dolor es el mismo, pero difiere el método empleado para comunicar la noticia. En realidad, notamos la operación de esta ley dondequiera que miremos, pues es universal y debería aplicarse al karma y a todo asunto.

Patanjali en su octavo y noveno aforismo del cuarto libro responde a la pregunta si la vida actual, es el resultado de la anterior.

“En cada encarnación, estas obras producen la manifestación sólo de esos depósitos mentales que pueden madurar en el ambiente disponible. Aún un ambiente inadecuado, como el de la diferencia social, de lugar y de tiempo, podría impedir la manifestación de los depósitos mentales, entre ellos existe una relación inmediata, porque la memoria y el flujo del pensamiento autoreproductivo son idénticos.” Pues Patanjali quiere decir que al asumir un nuevo cuerpo, se manifestará sólo aquel karma capaz de obrar por medio de tal vehículo. El “ambiente” entonces, es el cuerpo, la mente, la naturaleza plástica, las emociones y los deseos. El ambiente actual de una persona, no obstante su conducta buena o mala en el pasado, es lo que necesita para agotar el karma restante de muchas encarnaciones anteriores, que se le denomina karma acumulado. Puede o no activarse ahora, pero puede emerger por medio de un fuerte esfuerzo mental que conduce a tales cambios que alteran el vehículo corporal, haciéndolo casi nuevo. Pues, como la mayoría de los seres humanos tienen una mente y una naturaleza perezosa, continúan sufriendo siguiendo a la gran familia o el curso nacional, alterando muy poco su naturaleza interior. En este caso, el karma obra por medio de lo que Patanjali denomina “depósitos mentales,” los resultados que Manas acumula en cada vida. Pues, cuando el cuerpo muere, llevando consigo al cerebro, todo lo que se acumuló se interrumpe y no hay ninguna relación con la próxima existencia terrena. La división denominada Kama, se disipa y desaparece junto al cuerpo astral antes del renacimiento. Por lo general, el cuerpo astral no conserva nada para la próxima vida, por lo tanto, el valor o la suma de estas skandhas pertenecientes a Kama, se concentra y se deposita en Manas o la mente. Desde luego, cuando el ser inmortal retorna, es en realidad Atma-Buddhi-Manas que busca un nuevo ambiente, que le es proporcionado por un nuevo cuerpo, prana, kama y el doble astral. Como la reencarnación depende de la influencia de la ley kármica, puede ofrecer solo un motor con caballaje limitado, por lo tanto es un nivel muy inferior a las energías potenciales acumuladas en Manas, donde moran los “depósitos mentales” que permanecerán inagotados y que llamaremos karma no gastado. El Ego agotará una cierta cantidad kármica que lo atraerá siempre a ambientes semejantes hasta que esta clase de karma se agote, permitiendo a otro tipo de “depósitos mentales” de prevalecer, por lo tanto, la próxima vez reencarnará en un ambiente diferente que proporcionará a los nuevos depósitos, una oportunidad que hará emerger un karma nuevo o distinto.

Todo esto tiende a enfatizar a vivir y a pensar en cada vida en manera que no engendremos nuevo karma o causas que nos aten, mientras intentamos agotar la cantidad hasta ahora acumulada, de modo que, al final de cada vida, una persona haya pagado lo más posible de su deuda kármica que estuviera activa. Por lo tanto, gradualmente, los antiguos “depósitos mentales” se activarán, agotándose vida tras vida, dejando al final al ser humano en una condición en la cual pueda dominar toda cosa y entrar en la verdadera conciencia, preparado a renunciar a la recompensa final, quedándose detrás con el resto de la humanidad sin engendrar nuevo karma, pero ayudando a los demás a continuar escalando el sendero hacia la perfección.

—Eusebio Urban

Path, Agosto, 1892


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