El título de mi conferencia puede dar la impresión de algo abstracto y metafísico, pero espero demostrar que la Verdad no es abstracta, sino viviente y si se considera como una verdad viviente adquiere de inmediato color y luz y se presenta con una perspectiva amplia y profunda.
En primer lugar, ¿qué queremos decir por "Verdad"? Es una pregunta difícil de contestar, pero creo que hay la posibilidad de una respuesta muy sencilla: la Verdad es lo que existe efectivamente, lo que ocupa un lugar, y no simplemente lo que se imagina, no una impresión que se crea, aunque una impresión es también un hecho según la importancia que le da la mente de la persona que la recibe. La totalidad de la Verdad es, por lo tanto, la totalidad de todo lo que es, comprendiendo todo fenómeno y todas las cosas que existen. Cuando hablamos de algo como un hecho o como una verdad, es sólo nuestra comprensión de ello, cuya comprensión corre el riesgo de ser incorrecta o parcial, e incluso perjudicial, si no coincide con la verdad. Cuando yo escribo concibo una imagen de ello en mi mente, es decir, una impresión de ello, pero esta imagen puede no representar la verdad en su verdadera perspectiva, en su integridad, en su esencia interna. Sin embargo, puede haber un estado o modo de conciencia en el cual la verdad es conocida; un estado en el que no exista separación entre la conciencia que conoce y el objeto conocido. Si se consigue un estado semejante de conciencia, entonces se conocerá la verdad absoluta por lo que a ese objeto se refiere.
Hay entonces otra categoría, que es la que surge en la conciencia cuando se ha desprendido completamente de todas las ideas y factores que determinan su acción. Si contemplamos nuestras mentes tal como son, observaremos el hecho de que la mente está llena de ideas fijas. También existen algunos hábitos establecidos de pensamiento, y ciertos modos de reaccionar ante las personas, las situaciones y las cosas. Todo junto condiciona a la mente, y nuestros pensamientos, sentimientos y juicios son el resultado de esos condicionamientos. Supongamos sin embargo que la conciencia se ha librado de este condicionamiento, de todo lo que determina por anticipado su modo de actuar, y entonces será una conciencia totalmente diferente. Su acción y su valor serán diferentes.
La verdad en su totalidad ha de comprender lo que está en todos los diferentes niveles de nuestro ser: forma y vida, tanto como el florecimiento de esa vida. Ahora bien, la Teosofía en abstracto--y utilizo la palabra abstracto porque cuanto hallemos en los libros será sólo una declaración parcial, no podrá ser la totalidad--la Teosofía, pues, en abstracto, tal como existe en la Naturaleza, en el Universo, ha de ser toda la Verdad, de modo que abarque todos los niveles que acabo de mencionar.
La palabra sensibilidad contiene un significado que involucra un cierto refinamiento, incluyendo la capacidad de sentir, cosa que la palabra conciencia en su uso ordinario no contiene. Pero la conciencia es, en verdad, la capacidad de responder a toda cosa tal cual esta cosa es, y esta respuesta ha de incluir un sentido de belleza, el sentimiento de lo feo, un sentido de proporción y los sentimientos de todas clases. Podríamos decir que la Sabiduría es la Verdad en acción. Cuando la Verdad obra, en lugar de obrar nosotros según lo que nosotros creemos que es la verdad, entonces la naturaleza de la acción es diferente.
Además, la mente no está separada de las emociones. Es inútil pensar que puede estar completamente separada de ellas. Si lo está aún entonces no comprenderá toda la verdad. Pues la Verdad no es puramente mental. Uno tiene frecuentemente una preferencia sin que se dé cuenta de ello; la mente de uno interpreta constantemente los hechos de acuerdo con la conveniencia y el interés. Si tenéis prejuicios en contra de una persona, todo cuanto esta persona diga o haga será torcido por ese prejuicio. La mente, tal como es, es un instrumento muy imperfecto.
"Exento de todo elemento extraño". ¿Extraño a qué? A su propia naturaleza, a la substancia y composición de lo que la conciencia es en esencia. Entonces es una conciencia que está libre to toda nube subjetiva o complejo subconsciente. Queda únicamente en su pura naturaleza, y nada más. Lo que se experimenta en este estado pertenece a modalidades de su propio y libre funcionamiento. Por "libre" quiero decir libre de todo factor determinante, libre de toda cosa mecánica. Cuando algo actúa automáticamente, en virtud de cierto mecanismo existente, entonces el mecanismo es determinante en su naturaleza, por lo que no hay libertad. La conciencia es libre del todo sólo cuando hay libertad en su modo de obrar en todas las cosas.
La acción de una mente que esté separada del propio ser ha de ser necesariamente parcial. La mente que utilizamos es realmente un instrumento de nuestro ser. El modo como es utilizada depende de la naturaleza que la utiliza. Si es utilizada por una naturaleza buena, su acción y los efectos de la misma serán muy diferentes de lo que serían si fuese utilizada por una naturaleza cruel o viciosa. La mayoría de los casos, no actuamos con toda la plenitud de nuestro ser, con todo nuestro interés y atención, y ello porque hay varios impedimentos en nosotros que lo privan. Solamente tendremos la posibilidad de comportarnos con plenitud de conciencia, con la plenitud de nuestro ser, cuando no existan esos impedimentos.
Este funcionamiento de la conciencia o del ser, como un todo infinitamente sensible o indivisible, es en mil modos o ritmos, en mil formas llenas de armonía o belleza. Esto es lo que constituye la infinita belleza del alma. Y es belleza verdadera, y no lo que viene a llamarse belleza. Hemos de hacer una distinción entre lo que es verdaderamente bello, intrínseca, realmente bello y lo que es simplemente considerado bello porque tal o cual persona lo dice. Es muy posible condicionarse de tal modo que nos lleguen a gustar cosas que de otro modo no nos gustarían. Cuando algo nos gusta y lo hallamos agradable, es posible que digamos que es bello. Pero la verdadera belleza es la que demuestra su valor ante la conciencia incondicionada e imparcial, cuyo criterio es el único absoluto y verdadero.
La facultad de la conciencia en su propia naturaleza pura es, a la vez, percepción, --la cual, cuando no se trata de algo concreto puede hablarse como de intuición-- y creación. La diferencia entre percepción y creación consiste en esto, en que en el primer caso simplemente percibís o experimentáis una verdad, algo que existe, y en el segundo caso, hay la creación de una forma en la cual lo que se ha experimentado o percibido se expresa. La acción de la conciencia pura incluye el amor y todos los sentimientos de belleza; éstos pueden expresarse en mil y una forma diferentes, precisamente como pueden haber mil y una armonías, todas ellas combinación de ritmos y vibraciones. Cualquiera que ame la belleza musical sabe que la música puede evocar sentimientos que no pueden describirse de ninguna de las maneras. Los movimientos de la conciencia espiritual pura son como la música.
La verdad de la naturaleza de la vida y de la conciencia es una cuestión de experimentación, no de observación a distancia. ¿Cómo puede uno conocer la naturaleza de la vida por la contemplación superficial de una cosa viviente, anotando sus movimientos? Uno sólo puede sacar deducciones de ello, y atribuir sentimientos o motivos a esa criatura viviente por los que uno ha experimentado. La verdad de lo que nosotros somos, como seres de vida y conciencia, es una verdad que es posible de ser experimentada directamente, de inmediato, sin ningún vacío entre lo que se experimenta o conoce, y la conciencia que practica la experimentación. En este conocimiento no hay lugar para la duda, para la argumentación, ni aún para el razonamiento.
Ahora bien, Materia, Vida, Conciencia y Espíritu --indicando por espíritu el mundo de verdad y belleza revelado en la conciencia incondicionada, todos son secciones de un todo. La Materia, o la organización material, constituye la limitación de la vida y define su modo de acción. Según la naturaleza de la organización es el funcionamiento de la vida. La Vida es Una con la Conciencia, y la Conciencia es el medio de expresión del Espíritu.
Las bases del conocimiento en un ser individual es su conciencia. Es la base para todas sus percepciones, para todo su modo de pensar, para todo el funcionamiento de su ser consciente. Lo que limita esta conciencia, su casi ilimitada capacidad, es la condición de su auto-involución, una condición que tiene por objeto la propia experimentación. En esta condición nos apegamos no sólo a las personas, sino también a muchas cosas y situaciones, también a nuestras ideas; en realidad a todo aquello que nos proporciona gratificación y placer. El centro de estos apegos es el centro de un círculo limitado, el cual constituye una envoltura que aprisiona al Yo. Cuando ese centro, que es como el vórtice de un remolino, se pone en orden entonces la conciencia se libera de sus ataduras y conoce toda la extensión de sí misma y la verdad de cuanto toca en esta expansión. Conoce y siente la verdad, es decir, la naturaleza de cada cosa que existe, sin ninguna reacción. Nada hay en ella con que reaccionar; por lo tanto, no hay reacción y sí sólo acción.
Esta conciencia actúa en su totalidad, no habiendo nada en ella que romper, al modo en que nuestras naturalezas se rompen. Ahora estamos tan afectados por tantas cosas externas y de tan diferentes maneras, y todas estas cosas afectan tanto a la mente que, en vez de conservar su forma integral se quiebra y las piezas rotas permanecen luego amontonadas. Esta es la condición de una mente fracturada, la cual pasa por ser el entero ser. Cuando la mente actúa en su totalidad en cada una de sus acciones, en cada individuo y enfocando la totalidad de su conciencia, aparece en seguida la cualidad y el sentimiento de lo total en la acción. La acción no es con sólo una pequeña parte del propio ser, conciencia o atención; la cualidad de lo total, las energías de lo total, están presentes en cada punto.
Siendo la sensibilidad la propia naturaleza de la conciencia, la medida o grado de sensibilidad es la medida de lo que existe, esto es, de todas las cosas. Puede ser sensible a todas las cosas. El universo está formado de tal modo que el sujeto hermana al objeto, siendo el objeto la cosa a conocer, y el sujeto el conocedor o la conciencia que conoce; de suerte que la capacidad de conocer está en la medida de lo que ha de ser conocido. No podemos decir cuánto puede abarcar la conciencia, qué profundidades puede alcanzar, cuánto puede experimentar. Su incapacidad se debe en parte al vehículo, y en parte a las limitaciones creadas por su falta de percepción.
La Vida no es algo estático, sino una expresión constante de algo que se transforma, se desarrolla y produce cada forma individual, llevando a cada expresión individual desde sí misma a una cima de perfección. Contínuamente hay un desarrollo del significado, no solamente más capacidad e inteligencia, sino también más sensibilidad, más expresión. En este sentido, la Verdad que está en todas partes en su infinita belleza, afluye solamente a los corazones que están completamente abiertos a su recepción. De la misma manera que la naturaleza de todo el océano está reflejada en una simple gota también así la Vida toda, incluídas todas sus expresiones, toda su belleza, toda su inteligencia, todos sus movimientos, es capaz de estar reflejada en el corazón de un Ser individual que al no buscar nada para sí mismo está abierto a todo.
N. Sri Ram