La Verdad en su Totalidad


Reproducido con permiso, de "Sophía". Publicado en su edición de Enero de 1997.

El título de mi conferencia puede dar la impresión de algo abstracto y metafísico, pero espero demostrar que la Verdad no es abstracta, sino viviente y si se considera como una verdad viviente adquiere de inmediato color y luz y se presenta con una perspectiva amplia y profunda.

En primer lugar, ¿qué queremos decir por "Verdad"? Es una pregunta difícil de contestar, pero creo que hay la posibilidad de una respuesta muy sencilla: la Verdad es lo que existe efectivamente, lo que ocupa un lugar, y no simplemente lo que se imagina, no una impresión que se crea, aunque una impresión es también un hecho según la importancia que le da la mente de la persona que la recibe. La totalidad de la Verdad es, por lo tanto, la totalidad de todo lo que es, comprendiendo todo fenómeno y todas las cosas que existen. Cuando hablamos de algo como un hecho o como una verdad, es sólo nuestra comprensión de ello, cuya comprensión corre el riesgo de ser incorrecta o parcial, e incluso perjudicial, si no coincide con la verdad. Cuando yo escribo concibo una imagen de ello en mi mente, es decir, una impresión de ello, pero esta imagen puede no representar la verdad en su verdadera perspectiva, en su integridad, en su esencia interna. Sin embargo, puede haber un estado o modo de conciencia en el cual la verdad es conocida; un estado en el que no exista separación entre la conciencia que conoce y el objeto conocido. Si se consigue un estado semejante de conciencia, entonces se conocerá la verdad absoluta por lo que a ese objeto se refiere.

Cuatro Categorías en todas las Cosas

Cuando pensamos en todas las cosas que son, vemos que pueden catalogarse en cuatro categorías. En primer lugar, hay la materia que existe en tantas formas diferentes. Estas formas se componen de varias substancias, siendo todas ellas materia. Hay los hechos del mundo material y la comprensión de ellos, tal como los hallamos en la ciencia, resultando una comprensión a un determinado nivel. Hay luego otra categoría, aparentemente diferente de la materia: es la Vida, la cual parece surgir de unas condiciones particulares de la materia, pero que pueden tener un fundamento distinto, una modalidad diferente. La vida puede que no sea el producto de la materia, sino que puede ser algo que utilice simplemente una base material. Nadie puede decir razonablemente que ese punto de vista sea ilógico, o que no esté de acuerdo con los hechos de la ciencia. Luego viene la tercera categoría, que es la Conciencia. Se la identifica con la Vida, porque dondequiera que exista algo vivo nos encontramos que, en cierta medida, es consciente. La Vida significa experimentación y acción. La experimentación de las cosas por la respuesta a diferentes estímulos y por el impulso de la acción, el hecho de quererlo, pertenece sin duda a la Conciencia. Pero entonces hay una distinción entre Vida y Conciencia que consiste en lo siguiente: la Conciencia tiene una libertad que la Vida no tiene. La Vida actúa siempre con el proceso organizativo, cuyo proceso ella habilita y utiliza. En el cuerpo humano hay varios procesos operantes, toda clase de impulsos nerviosos, movimientos de diferentes clases, acciones químicas, acciones eléctricas, y así por el estilo, de suerte que no podemos ver a la Vida fuera de estos procesos. Ella los coordina a todos con una inteligencia instintiva. Nadie ha sido capaz de explicar cómo surge esta extraordinaria inteligencia que es electrónica en su rapidez, coordinación y precisión, y que es capaz de movilizar energías para enfrentarse con cualquier contingencia. La Conciencia, si bien se basa en la organización, es capaz de ir más allá de sus procesos. Se concede toda clase de formas y actúa libremente excepto en las limitaciones que ha creado por sí misma. Puede imaginarse cuanto quiera, pero lo que imagina puede que descanse sobre el terreno de la verdad, o puede que no tenga semejante base.

Hay entonces otra categoría, que es la que surge en la conciencia cuando se ha desprendido completamente de todas las ideas y factores que determinan su acción. Si contemplamos nuestras mentes tal como son, observaremos el hecho de que la mente está llena de ideas fijas. También existen algunos hábitos establecidos de pensamiento, y ciertos modos de reaccionar ante las personas, las situaciones y las cosas. Todo junto condiciona a la mente, y nuestros pensamientos, sentimientos y juicios son el resultado de esos condicionamientos. Supongamos sin embargo que la conciencia se ha librado de este condicionamiento, de todo lo que determina por anticipado su modo de actuar, y entonces será una conciencia totalmente diferente. Su acción y su valor serán diferentes.

La verdad en su totalidad ha de comprender lo que está en todos los diferentes niveles de nuestro ser: forma y vida, tanto como el florecimiento de esa vida. Ahora bien, la Teosofía en abstracto--y utilizo la palabra abstracto porque cuanto hallemos en los libros será sólo una declaración parcial, no podrá ser la totalidad--la Teosofía, pues, en abstracto, tal como existe en la Naturaleza, en el Universo, ha de ser toda la Verdad, de modo que abarque todos los niveles que acabo de mencionar.

La Verdad, su Acción

La palabra Teosofía significa literalmente Sabiduría, más bien que conocimiento. Hay esta relación entre la Sabiduría y la Verdad, y es que la Sabiduría reside en la acción que está de acuerdo con la verdad, no de acuerdo con ninguna idea falsa o superficial. Por acción quiero decir no sólo la externa, sino también el pensamiento y el sentimiento, que son actividades del propio ser o de la conciencia. La acción ha de comprender toda la acción que tiene lugar en o desde el fondo de ese ser. La Verdad en su plenitud no es una simpre comprensión mental, sino que ha de incluir lo que se conoce a través del sentimiento, ha de incluir una apreciación de los valores que se traducen en términos de sentimiento. Una comprensión simplemente mental, árida, prosaica, no es más que una radiografía, muy diferente del cuerpo de carne, y no muestra la vida y su significado. La Verdad en este sentido de una comprensión profunda, total y vital, puede surgir solamente de una mente abierta e incondicionada, y la naturaleza de este estado de incondicionamiento es precisamente el de una sensibilidad pura, y nada más. Si ya hay algún elemento, o factor, algún mecanismo establecido en la conciencia, entonces esa conciencia obrará de acuerdo con esa idea, hábito o mecanismo; pero cuando no hay nada de todo eso, la conciencia permanece en su propia naturaleza. Su propia naturaleza es la de ser consciente, sensible y responsiva.

La palabra sensibilidad contiene un significado que involucra un cierto refinamiento, incluyendo la capacidad de sentir, cosa que la palabra conciencia en su uso ordinario no contiene. Pero la conciencia es, en verdad, la capacidad de responder a toda cosa tal cual esta cosa es, y esta respuesta ha de incluir un sentido de belleza, el sentimiento de lo feo, un sentido de proporción y los sentimientos de todas clases. Podríamos decir que la Sabiduría es la Verdad en acción. Cuando la Verdad obra, en lugar de obrar nosotros según lo que nosotros creemos que es la verdad, entonces la naturaleza de la acción es diferente.

Las Limitaciones de la Mente

La Verdad, en su totalidad, no es comprensible por la mente que utilizamos. La actual es una edad mental, y la mente está en plena actividad, ha logrado maravillas. Sus métodos son los de reunir hechos, establecer relaciones, formular hipótesis y utilizar las hipótesis. De esta manera ha procedido yendo de proeza en proeza. Por lo tanto, creemos que la mente, tal como la vemos operar, lo es todo en todo. Hemos de comprender que la mente tiene sus limitaciones. Trabaja a base de datos imperfectos; sus juicios y tesis pueden no comprender lo más relevante. Más aún, es parcial en su propia manera de obrar. Un conjunto de hechos dados, relacionados todos entre sí, la mente tendrá que empezar por un punto cualquiera del conjunto, y entonces proceder paso a paso hacia los demás, estableciendo las relaciones entre ellos. Cuando lo hace así su perspectiva ha de ser diferente de lo que sería si hubiese empezado desde otro punto. Su perspectiva desde cada uno de los puntos es necesariamente parcial. Si ocurre un accidente en una carretera, accidente presenciado por un determinado número de gente, cada uno de ellos lo explicará de diferente manera, al menos en cuanto a énfasis y valoración. A menos que uno sea capaz de situarse por encima de todo ello y tener una rápida visión de conjunto, en un instante, no habrá posibilidad de una total y correcta interpretación del asunto.

Además, la mente no está separada de las emociones. Es inútil pensar que puede estar completamente separada de ellas. Si lo está aún entonces no comprenderá toda la verdad. Pues la Verdad no es puramente mental. Uno tiene frecuentemente una preferencia sin que se dé cuenta de ello; la mente de uno interpreta constantemente los hechos de acuerdo con la conveniencia y el interés. Si tenéis prejuicios en contra de una persona, todo cuanto esta persona diga o haga será torcido por ese prejuicio. La mente, tal como es, es un instrumento muy imperfecto.

La Conciencia en su Naturaleza Pura

Hay un estado de conciencia que puede abarcar el todo de algo, permaneciendo aparte del conjunto de hechos y observándolos desde una diferente dimensión. Puede tener en cuenta todos los hechos en relación con cualquier otra cosa, exactamente tal como son, sin ninguna interpretación, sin ninguna preferencia o parcialidad; pero esto sólo puede pasar cuando está exenta de todo elemento extraño y no es sino un espejo de la verdad, en estado negativo y sensible como una placa fotográfica. Para la mente es posible asumir esta posible condición en la cual todo es receptividad, sin mezcla de actividad de pensamiento que rompa o disminuya la receptividad. Entonces retrata todo lo que se le presenta, en su profundidad, y no simplemente la forma, sino también la belleza y el sentimiento contenido en ello.

"Exento de todo elemento extraño". ¿Extraño a qué? A su propia naturaleza, a la substancia y composición de lo que la conciencia es en esencia. Entonces es una conciencia que está libre to toda nube subjetiva o complejo subconsciente. Queda únicamente en su pura naturaleza, y nada más. Lo que se experimenta en este estado pertenece a modalidades de su propio y libre funcionamiento. Por "libre" quiero decir libre de todo factor determinante, libre de toda cosa mecánica. Cuando algo actúa automáticamente, en virtud de cierto mecanismo existente, entonces el mecanismo es determinante en su naturaleza, por lo que no hay libertad. La conciencia es libre del todo sólo cuando hay libertad en su modo de obrar en todas las cosas.

La acción de una mente que esté separada del propio ser ha de ser necesariamente parcial. La mente que utilizamos es realmente un instrumento de nuestro ser. El modo como es utilizada depende de la naturaleza que la utiliza. Si es utilizada por una naturaleza buena, su acción y los efectos de la misma serán muy diferentes de lo que serían si fuese utilizada por una naturaleza cruel o viciosa. La mayoría de los casos, no actuamos con toda la plenitud de nuestro ser, con todo nuestro interés y atención, y ello porque hay varios impedimentos en nosotros que lo privan. Solamente tendremos la posibilidad de comportarnos con plenitud de conciencia, con la plenitud de nuestro ser, cuando no existan esos impedimentos.

Este funcionamiento de la conciencia o del ser, como un todo infinitamente sensible o indivisible, es en mil modos o ritmos, en mil formas llenas de armonía o belleza. Esto es lo que constituye la infinita belleza del alma. Y es belleza verdadera, y no lo que viene a llamarse belleza. Hemos de hacer una distinción entre lo que es verdaderamente bello, intrínseca, realmente bello y lo que es simplemente considerado bello porque tal o cual persona lo dice. Es muy posible condicionarse de tal modo que nos lleguen a gustar cosas que de otro modo no nos gustarían. Cuando algo nos gusta y lo hallamos agradable, es posible que digamos que es bello. Pero la verdadera belleza es la que demuestra su valor ante la conciencia incondicionada e imparcial, cuyo criterio es el único absoluto y verdadero.

La Verdad Interna

Hay una verdad interna y una verdad externa. Todos comprendemos la verdad en relación a las cosas que existen en su propia naturaleza, en su propia forma, movimiento y propiedades. Pero, ¿qué es la verdad en lo interno? Es la verdad de la comprensión, del sentimiento, de la experimentación. Cuando entráis en contacto con una cosa, sea cual fuere su naturaleza, hay la acción apropiada con respecto a ella de parte de la conciencia pura, la cual no está condicionada por lo agradable o desagradable. Su sentimiento es el sentimiento verdadero con respecto a dicha cosa. Puede que hayan otros sentimientos posibles, pero no serán la verdadera respuesta, sino solamente una respuesta condicionada. Estos surgen del propio condicionamiento.

La facultad de la conciencia en su propia naturaleza pura es, a la vez, percepción, --la cual, cuando no se trata de algo concreto puede hablarse como de intuición-- y creación. La diferencia entre percepción y creación consiste en esto, en que en el primer caso simplemente percibís o experimentáis una verdad, algo que existe, y en el segundo caso, hay la creación de una forma en la cual lo que se ha experimentado o percibido se expresa. La acción de la conciencia pura incluye el amor y todos los sentimientos de belleza; éstos pueden expresarse en mil y una forma diferentes, precisamente como pueden haber mil y una armonías, todas ellas combinación de ritmos y vibraciones. Cualquiera que ame la belleza musical sabe que la música puede evocar sentimientos que no pueden describirse de ninguna de las maneras. Los movimientos de la conciencia espiritual pura son como la música.

La verdad de la naturaleza de la vida y de la conciencia es una cuestión de experimentación, no de observación a distancia. ¿Cómo puede uno conocer la naturaleza de la vida por la contemplación superficial de una cosa viviente, anotando sus movimientos? Uno sólo puede sacar deducciones de ello, y atribuir sentimientos o motivos a esa criatura viviente por los que uno ha experimentado. La verdad de lo que nosotros somos, como seres de vida y conciencia, es una verdad que es posible de ser experimentada directamente, de inmediato, sin ningún vacío entre lo que se experimenta o conoce, y la conciencia que practica la experimentación. En este conocimiento no hay lugar para la duda, para la argumentación, ni aún para el razonamiento.

La Unidad de la Vida

Aquellos que han experimentado la verdad de la vida y la conciencia, lo cual es posible si levantamos o removemos las varias capas de nuestro propio devenir, las capas de las ideas, de los sentimientos, hábitos y así por el estilo, son testigos del hecho de que la Vida es Una en esencia, aunque presente una infinidad de formas. Se trata de una energía que fluye por un número infinito de conductos, los cuales son las varias formas y la sucesión de formas en la evolución de cada tipo en particular, en cuya sucesión se encuentra la perfección de su individualidad. En virtud de esta Unidad, el conocer la naturaleza de la vida en uno mismo es conocer la naturaleza en todos los demás.

Ahora bien, Materia, Vida, Conciencia y Espíritu --indicando por espíritu el mundo de verdad y belleza revelado en la conciencia incondicionada, todos son secciones de un todo. La Materia, o la organización material, constituye la limitación de la vida y define su modo de acción. Según la naturaleza de la organización es el funcionamiento de la vida. La Vida es Una con la Conciencia, y la Conciencia es el medio de expresión del Espíritu.

Las bases del conocimiento en un ser individual es su conciencia. Es la base para todas sus percepciones, para todo su modo de pensar, para todo el funcionamiento de su ser consciente. Lo que limita esta conciencia, su casi ilimitada capacidad, es la condición de su auto-involución, una condición que tiene por objeto la propia experimentación. En esta condición nos apegamos no sólo a las personas, sino también a muchas cosas y situaciones, también a nuestras ideas; en realidad a todo aquello que nos proporciona gratificación y placer. El centro de estos apegos es el centro de un círculo limitado, el cual constituye una envoltura que aprisiona al Yo. Cuando ese centro, que es como el vórtice de un remolino, se pone en orden entonces la conciencia se libera de sus ataduras y conoce toda la extensión de sí misma y la verdad de cuanto toca en esta expansión. Conoce y siente la verdad, es decir, la naturaleza de cada cosa que existe, sin ninguna reacción. Nada hay en ella con que reaccionar; por lo tanto, no hay reacción y sí sólo acción.

Esta conciencia actúa en su totalidad, no habiendo nada en ella que romper, al modo en que nuestras naturalezas se rompen. Ahora estamos tan afectados por tantas cosas externas y de tan diferentes maneras, y todas estas cosas afectan tanto a la mente que, en vez de conservar su forma integral se quiebra y las piezas rotas permanecen luego amontonadas. Esta es la condición de una mente fracturada, la cual pasa por ser el entero ser. Cuando la mente actúa en su totalidad en cada una de sus acciones, en cada individuo y enfocando la totalidad de su conciencia, aparece en seguida la cualidad y el sentimiento de lo total en la acción. La acción no es con sólo una pequeña parte del propio ser, conciencia o atención; la cualidad de lo total, las energías de lo total, están presentes en cada punto.

Siendo la sensibilidad la propia naturaleza de la conciencia, la medida o grado de sensibilidad es la medida de lo que existe, esto es, de todas las cosas. Puede ser sensible a todas las cosas. El universo está formado de tal modo que el sujeto hermana al objeto, siendo el objeto la cosa a conocer, y el sujeto el conocedor o la conciencia que conoce; de suerte que la capacidad de conocer está en la medida de lo que ha de ser conocido. No podemos decir cuánto puede abarcar la conciencia, qué profundidades puede alcanzar, cuánto puede experimentar. Su incapacidad se debe en parte al vehículo, y en parte a las limitaciones creadas por su falta de percepción.

Todo es Vida

Si podemos tomar el punto de vista de que todo lo que existe es vida, de que la Vida es la energía única que opera en todo, y considerar todas las formas como limitaciones de esa Vida, necesarias para su expresión, este punto de vista es demostrativo hasta con los puntos de vista de la Ciencia, porque lo que llamamos materia es insubstancial; no es sino energía que actúa a través de diferentes esquemas, entonces la totalidad de la Verdad es la totalidad de las expresiones de la Vida, que son infinitas y variadas, no una semejante a la otra. Siendo la Vida la misma en la gota de agua que en el mar, en el individuo que en el universo, es posible experimentar la naturaleza de esta totalidad en uno mismo. La misma palabra universo sugiere una unidad que se entrega a la diversidad. Pero para la unidad, la así llamada totalidad no sería sino un conglomerado. Si consideramos el universo como la expresión de la Vida Una, entonces ésta tiene una unidad orgánica, es realmente un árbol de Vida universal.

La Vida no es algo estático, sino una expresión constante de algo que se transforma, se desarrolla y produce cada forma individual, llevando a cada expresión individual desde sí misma a una cima de perfección. Contínuamente hay un desarrollo del significado, no solamente más capacidad e inteligencia, sino también más sensibilidad, más expresión. En este sentido, la Verdad que está en todas partes en su infinita belleza, afluye solamente a los corazones que están completamente abiertos a su recepción. De la misma manera que la naturaleza de todo el océano está reflejada en una simple gota también así la Vida toda, incluídas todas sus expresiones, toda su belleza, toda su inteligencia, todos sus movimientos, es capaz de estar reflejada en el corazón de un Ser individual que al no buscar nada para sí mismo está abierto a todo.


N. Sri Ram


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