El Propósito de los Objetivos de la Sociedad


Reproducido con permiso, de "Sophía". Publicado en su edición de Enero de 1997.

Recientemente un amigo me pidió que le diera mi opinión sobre el trabajo actual de la Sociedad Teosófica. Era miembro de varias años, y seguía convencido del valor de la Sociedad, de su importancia como organización dedicada a la diseminación de la Teosofía, pero le preocupaba un comentario hecho por otro miembro importante según el cual se tardaría siglos antes de poder alcanzar el ideal de la fraternidad. Mi amigo creía que aquello era una actitud derrotista. Además, dijo, ¿por qué tendría que seguir insistiéndose en el ideal de la fraternidad en nuestro Primer Objetivo, si este ideal era virtualmente inalcanzable? Como yo había viajado tanto, ¿sentía yo que la fraternidad era una causa perdida, un ideal que nunca alcanzaríamos durante nuestra vida?

Poco tiempo antes de que esta conversación tuviera lugar, otro miembro me había preguntado sobre el propósito e intención del Tercer Objetivo. En este caso, la pregunta se refería a lo que estaba haciendo la Sociedad o lo que había estado haciendo para "investigar las leyes inexplicadas de la naturaleza". ¿No era esta investigación el campo de la ciencia y, dado que la mayoría de los miembros no son científicos, no éramos algo presuntuosos pensando que podríamos alcanzar ese objetivo? Además, siguió diciendo, ¿qué pasa con esos "poderes" latentes en los seres humanos? ¿Estábamos haciendo algo para "investigar esos poderes, fueran cuales fueran?

Un examen de las preguntas hechas por estos dos miembros en dos ocasiones totalmente distintas revela la necesidad que tiene cada miembro de reflexionar sobre el propósito y significado de los tres Objetivos de la Sociedad. El centenario de su adopción en su forma actual nos da la oportunidad de iniciar una exploración en cierta profundidad precisamente de lo que se quiere conseguir con los Objetivos, así como de ver hasta qué punto son realizables o alcanzables. Un aspecto interesante de esta exploración sería un estudio histórico del desarrollo de los Objetivos, señalando los distintos cambios que han ocurrido durante los años de formación de la Sociedad desde 1875 hasta 1896. Por ejemplo, el objetivo de la Sociedad tal como se estableció en 1875 estaba comprendido en una sola frase: "Los objetivos de la Sociedad son recoger y difundir un conocimiento de las leyes que gobiernan el universo". Sin embargo, esa frase debería leerse bajo la luz del preámbulo de los estatutos o reglas originales adoptadas en esos momentos de la fundación de la Sociedad; ese preámbulo empieza con las palabras "El Título de la Sociedad Teosófica explica los objetivos y deseos de sus fundadores".

Sin citar el documento de 1875 (preámbulo y estatutos) en detalle, se puede ver que de una lectura suya completa se sacan tres puntos esenciales que tienen que ver con el trabajo de la Sociedad. Primero y tal vez un punto primordial, especialmente bajo la luz de numerosas otras afirmaciones hechas por H.P. Blavatsky y por H.S. Olcott, así como presentes en Las Cartas de los Maestros a A.P. Sinnett, el ideal de la fraternidad tuvo un papel preponderante desde el principio. En el preámbulo, se hace la afirmación siguiente: "Al tener en cuenta los méritos de los que quieren ingresar, la Sociedad no conoce ni raza, ni sexo, ni color, ni país ni credo."

La segunda característica que puede señalarse es la importancia que se da en preámbulo a la política de libertad de pensamiento. Entre otras frases, se puede citar la siguiente: El único axioma de la Sociedad es la omnipotencia de la verdad, su único credo una profesión de devoción incondicional a su descubrimiento y propagación".

El tercer punto más notable es el contenido en la primera frase del preámbulo, como hemos citado antes. Es evidente que el mismo nombre de la Sociedad indicaba su propósito, sus fines y objetivos. Aunque no se hizo ningún intento en ese documento de 1875 para definir el término "teosófico" y nunca se ha impuesto ninguna definición oficial de la Teosofía a los miembros, resulta claro que existe "una cosa como la Teosofía", para citar a la misma H.P. Blavatsky. Esta frase se encuentra en una respuesta que dió en La Clave de la Teosofía: La Sociedad, decía allí, "se formó para ayudar a demostrar al hombre que una cosa como la Teosofía existe y para ayudarles a llegar a ella estudiando y asimilando sus verdades eternas".

Estos tres puntos esenciales, sobre los que se insistió en el primer documento publicado por la Sociedad en su fundación en 1875, puede decirse que encontraron su expresión explícita en los Tres Objetivos, tal como se definieron finalmente en 1896. Es obvio, por ejemplo, que el primer principio, la fraternidad, que en 1875 fue considerado como el requisito básico para hacerse miembro, se convirtió finalmente en el pilar más consistente sobre el que se apoyaba la Sociedad. No sólo era un reconocimiento del ideal el que se le considerara fundamental para cualquier mérito, sino que acabaría siendo el fin al que los miembros aspirarían por sí mismos convirtiéndose en un núcleo de fraternidad universal. Casi me inclino a sugerir que la realización de este ideal universal difícilmente puede verse alcanzado por la humanidad globalmente, ¡cuando los mismos miembros de la Sociedad que defiende este fin tienen dificultades para formar incluso un núcleo (que sin duda significa un centro vivo) de una fraternidad genuina! Lo que se intenta conseguir es ciertamente algo más que un sentimiento mutuo de buena voluntad, aunque incluso un sentimiento así sea a menudo difícil de conseguir en las relaciones diarias de todo tipo de personas cuyo comportamiento, opiniones y apariencias pueden todas parecer con demasiada frecuencia totalmente contrarias a las nuestras. ¿Cuánto hemos avanzado hacia ese ideal? podemos preguntarnos. ¿Hasta qué punto nos hemos dedicado a formar un versadero núcleo de fraternidad? ¿Son acaso nuestras ramas, grupos y centros, un ejemplo de lo que debería ser un núcleo así? No existe un sitio mejor para poner a prueba nuestro Primer Objetivo que la rama local a la que pertenecemos, y sin embargo, ¡cuántas veces nuestras Ramas han vacilado, han tropezado e incluso caído sobre los obstáculos creados por malentendidos entre los miembros, por opiniones intolerantes y afirmaciones dogmáticas propuestas en el nombre mismo de la fraternidad? Si nuestros grupos teosóficos no pueden ser talleres donde practicar la destreza de la fraternidad (porque el ideal es una destreza además de un arte), entonces ¿podemos aprender a desarrollar la destreza de las relaciones armoniosas en medio de los asuntos diarios? ¿Acaso el Primer Objetivo no nos lleva a examinar nuestra propia conducta, nuestras propias reacciones, nuestras propias relaciones con los demás y con todas las formas de vida, para ver si nos hemos acercado más a la realización de la verdadera naturaleza de la fraternidad basada en un absoluto conocimiento de la naturaleza unitaria de toda la existencia?

La libertad de investigación, el segundo principio enunciado en la fundación de la Sociedad, está englobado en el Segundo Objetivo, y nos anima a ampliar nuestros horizontes, a incrementar nuestras simpatías, a profundizar en nuestra apreciación de los senderos de los demás, estudiando todos los campos de los intereses humanos representados por las tres grandes categorías de la religión, la filosofía y la ciencia. Este estudio, emprendido no para poder convertirnos en "enciclopedias andantes" o en eruditos gigantescos, sino más bien para poder profundizar en nuestra comprensión de los distintos caminos que llevan a un conocimiento de la Realidad Una, requiere una genuina libertad de pensamiento. El estudio tiene que hacerse sin ideas preconcebidas, sin prejuicios ni tendencias, y sin creencias ciegas en la superioridad de un camino sobre otro, si tiene que apoyar el primer principio de la fraternidad. Y no puede haber otra razón para este estudio, porque ese ideal es indudablemente el principio fundamental por el que se fundó la Sociedad.

Si, entonces, el principio fundamental de la fraternidad, tan a menudo reiterado por los fundadores, H.P. Blavatsky y H.S. Olcott, y por sus Maestros los Mahatmas, queda definido en el Primer Objetivo y si el principio de la libertad de investigación está implícito en el Segundo Objetivo, ¿qué relación existe entre el nombre de la Sociedad y el Tercer Objetivo? Porque, como se ha sugerido antes, la frase inicial del preámbulo de las Reglas de 1875 indicaba que la designación de la Sociedad como "Teosófica" señalaba su propósito, su finalidad y sus objetivos. Por consiguiente, podemos muy bien preguntar si existe realmente una relación entre el Tercer Objetivo, que parece enlazar dos temas muy dispares ("leyes inexplicadas de la naturaleza" y "poderes humanos latentes") y el término "teosófico", un término que en su mayor parte ha quedado oficialmente sin definir. Responder a esa pregunta requiere un examen minucioso de todo lo que está implícito en el Tercer Objetivo bajo la luz, primero, del ideal de la fraternidad y, segundo, del nombre de la Sociedad. Como se ha señalado ya, no existe una definición oficial de la Teosofía, ninguna definición se les ha impuesto nunca a los miembros de la Sociedad, ninguna a la cual tengan que rendir ninguna fidelidad. ¿Cuántas veces se ha dicho que nuestro único lazo de unión es nuestra búsqueda de la verdad, nuestro único objetivo la realización de la fraternidad, nuestro propósito esencial despertar en nosotros y en los demás la realización intuitiva de la unidad de toda existencia? ¿Podría ser que investigando esas "leyes inexplicadas" hasta ahora, impresas tanto en el universo como en nuestra propia naturaleza (puesto que todo lo que está dentro del macrocosmo está o tiene que estar en el microcosmo), nosotros inevitablemente despertamos nuestros propios poderes latentes, poderes que son un reflejo directo de las potencias creadoras por las que un universo manifestado (y todo cuanto hay en él) llega a la existencia? ¿Podría ser que las mismas leyes por las que todo este vasto sistema empieza a existir sean "inexplicadas" hasta que las hayamos revelado en nuestra vida, ya que somos verdaderos co-creadores con el Uno (pues nada existe fuera de ese Uno Ultimo), co-partícipes en los procesos creativos por los que el Uno se revela a Sí mismo en los muchos? Y ¿podría ser que en esto se encuentre la cima de nuestro potencial humano, siendo todos los poderes dentro de nosotros nada más que reflejos del poder universal uno en sus muchas permutaciones y manifestaciones a través de todos los dominios de la existencia, a través de todos los reinos de la naturaleza?

En cierta ocasión, a una pregunta referente al Tercer Objetivo, la Presidenta, la señora Radha Burnier, respondió (Regeneración Humana):

Este objetivo implica el estudio no sólo de la Naturaleza en su manifestación externa sino de la relación con todas las cosas, porque toda ley es una afirmación de relaciones. El conocimiento de las leyes es el poder de acelerar el progreso... la comprensión de nosotros mismos está conectada con la comprensión de las leyes, y de las fuerzas que funcionan detrás de ellas.

La ley última, podemos sugerir, es la ley de la relación correcta, que tiene que prevalecer en todo el universo, manteniendo el orden y revelando tanto el significado como el propósito. Ninguna palabra describe la belleza y poder de esa relación mejor que la de la fraternidad, la expresión en el reino humano de ese amor que un poeta describió como "la unidad ardiente que lo une todo".

Y ¿de qué otra manera conoceremos esa ley y todas las "leyes inexplicadas" que proceden de ella, si no despertamos dentro de nosotros esos potenciales ocultos de nuestra naturaleza que llevan a una realización total y completa de nuestra unidad? El neoplatonista Iamblico, lo espresó bien:

Hay una facultad de la mente humana, que es superior a todo lo que ha nacido o se ha manifestado. Por ella somos capaces de alcanzar la unión con las inteligencias superiores, de ser transportados más allá de las escenas y situaciones de este mundo, y de tomar parte en la vida superior y en los poderes peculiares de los Seres celestiales. Con esta facultad nos liberamos de los dominios del Destino y nos convertimos, por así decirlo, en los árbitros de nuestros propios destinos.

En la primera carta de su Adepto, corresponsal, al Sr. A.P. Sinnett se le aconsejó que considerara las "preguntas más profundas y más misteriosas que pueden remover la mente humana, los poderes deíficos en el hombre y las posibilidades contenidas en la naturaleza". Cuando esos "poderes deíficos" se mueven en nosotros, cuando despertamos a la maravilla y a la gloria y misterio de nuestra humanidad, con todas sus responsabilidades así como a su enorme potencial para hacer el bien, llegamos a reconocer que los Objetivos de esta Sociedad Teosófica están todos interrelacionados e interconectados hacia el propósito único de producir la transformación de nosotros mismos y con ello, del mundo. Los Objetivos nos señalan la dirección que nosotros, y un día toda la humanidad, tiene que seguir, la dirección de ser hermanos, de conocer nuestra fraternidad no sólo como una teoría sino también como una realidad, actuando en cada momento en armonía con nosotros mismos, con los demás y con toda la vida que nos rodea. Sí, un ideal tal vez no fácil de conseguir en una sola vida, tal vez ni en los siglos venideros, pero verdaderamente un ideal por el cual no puede perderse ningún esfuerzo; ningún fracaso en su persecución puede ser nunca definitivo, ninguna acción hacia su consecución puede ser nunca demasiado pequeña o insignificante.

Se nos han puesto unos magníficos objetivos ante nosotros. El propósito de los Objetivos es claro: recordarnos constantemente el por qué estamos aquí, no sólo como miembros de esta Sociedad, sino como hombres y mujeres que andan por los caminos de la humanidad hacia los dioses.


Joy Mills


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