¿Era Krishnamurti un Teósofo?


Reproducido con permiso, de "Sophía". Publicado en su edición de Abril de 1997.

La respuesta a esta pregunta dependería de lo que consideremos como un verdadero teósofo. Una definición trivial sería la de que un miembro de la Sociedad Teosófica que esté al corriente del pago de sus cuotas es un teósofo. Si no nos damos por satisfechos con esta definición tan clerical, hemos de investigar profundamente en la pregunta "¿Quién es un verdadero teósofo?" ¿Tiene un teósofo que considerar como creencias lo que dijeron los anteriores líderes de la Sociedad Teosófica? ¿O es la Teosofía una búsqueda de la Verdad, una investigación en la percepción más profunda y holística de la realidad? El lema de la Sociedad Teosófica dice "No hay religión más elevada que la Verdad". Y ¿cómo puede reducirse la Teosofía a ninguna serie de creencias?

Necesitamos creer en algo solamente cuando no sabemos si es verdad. No "creemos" en las paredes de nuestra habitación; ¡ya vemos que existen! Pero no hemos visto a Dios, y por esto algunos de nosotros creemos en la existencia de Dios, y otros no. Para una persona que esté buscando la verdad, las creencias son como teorías sobre lo desconocido. Estar o no de acuerdo con una creencia tiene muy poco valor para un hombre que está buscando la verdad. El mero hecho de que uno esté buscando la verdad implica que no es algo conocido. Una mente verdaderamente religiosa considera que Dios, la Verdad y la Realidad son lo desconocido y va investigando para descubrirlo.

La contracubierta del Theosophist dice:

La Sociedad Teosófica está compuesta por estudiantes, que pertenecen a cualquier religión del mundo o a ninguna, que están unidos por su aprobación de los Objetivos de la Sociedad, por su deseo de acabar con antagonismos religiosos y para reunir a los hombres de buena voluntad, cualesquiera que sean sus opiniones religiosas, y por su deseo de estudiar las verdades religiosas y de compartir los resultados de sus estudios con los demás.

Yo preferiría decir "investigadores" en vez de "estudiantes" y decir "descubrir" las verdades religiosas en vez de "estudiarlas", pero si uno lo estudia inteligentemente, las dos significan lo mismo. Dice más adelante:

La Teosofía es el cuerpo de verdades que forma la base de todas las religiones y que no puede ser reclamado como posesión exclusiva de ninguna de ellas.

Resulta claro, de estas afirmaciones, que la Teosofía es esencialmente la búsqueda de esa Verdad que se encuentra más allá de todas las religiones. Aparece cuando una conciencia percibe directamente "lo que es" sin distorsiones. Por eso es algo imperativo para un verdadero teósofo el eliminar todos los elementos de distorsión de su conciencia. Esto implica la eliminación de toda ilusión, que es también la libertad del ego.

Un corolario de este requisito es la fraternidad universal y el respeto por toda la vida, que es otro de los objetivos declarados de la Sociedad. El fin del ego es también el fin de toda división y cuando no hay división, la fraternidad y la universalidad de toda la vida dejan de ser ideales porque entonces son ya un hecho. Los ideales son cosas imaginarias que la mente crea cuando no está en contacto directo con la realidad. Hemos de preguntarnos si la división es un hecho y la fraternidad de la humanidad un ideal imaginario a alcanzar o si la fraternidad es un hecho y la división algo imaginario. Ser un verdadero teósofo, pues, implica el fin de toda división, porque no se puede practicar la fraternidad en un sentido profundo si uno no percibe la unidad de toda la vida como un hecho.

Así que si esto es lo que implica ser un verdadero teósofo entonces podemos hacernos la pregunta de si Krishnamurti era un teósofo. Entre todas las personas que estaban asociadas con la Sociedad Teosófica en este siglo, ¿no fue Krishnamurti el que buscó la Verdad más allá de todas las religiones con pasión y una devoción obsesiva para poder descubrirla por sí mismo? En realidad descubrió que hay solamente una mente verdaderamente religiosa, que no puede ser dividida en una mente buddhista, una mente cristiana, una mente hindú o una mente islámica. Es una mente sin etiquetas. Y al revés, podríamos decir que la mente verdaderamente buddhista, la mente verdaderamente cristiana, la mente verdaderamente hindú y la mente verdaderamente islámica son todas una y la misma mente. Parecen diferentes sólo cuando uno no ha dado con la mente verdaderamente religiosa, que es también la mente verdaderamente teosófica. En una palabra, lo que importa no es lo que pensamos o creemos o estudiamos sino lo que nuestra conciencia es en realidad. El nos hizo ver que la conciencia se transforma no solamente a través del estudio y del conocimiento sino a través de la observación, de la exploración y del fin de la ilusión. Y toda su vida la pasó tratando de compartir esta comprensión con todos los seres humanos que quisieron.

Krishnamurti descubrió que el otro hombre eres tú mismo, no sólo tu hermano sino tú mismo. Haciéndolo, llevó la fraternidad universal a su punto máximo, porque no puede haber más fraternidad más allá de esto. Percibió la unidad de toda la vida por sí mismo, acabando con todas las divisiones. Se negó a identificarse con ninguna nación, ninguna religión o ninguna organización, incluyendo los Fundamentos que él inició. Interiormente permaneció completamente solo y por lo mismo, uno con toda la vida. Dedicó toda su vida a la exploración de la conciencia humana y a la comprensión de su verdadera relación con todas las cosas, ideas, personas y Naturaleza. Se le asignó el papel de Instructor del Mundo y cumplió con ese papel a pesar de todos los obstáculos e inseguridades del camino. Descubrió por sí mismo lo que es la verdadera inteligencia y entonces hizo lo posible para despertarla en todos los seres humanos de todo el mundo.

Por consiguiente, en el sentido más profundo, Krishnamurti fue un verdadero teósofo, ¡aunque tal vez tuvo que dejar la Sociedad Teosófica en algún momento de su vida! Hay una parábola que he leído en alguna parte que sirve para ilustrar muy bien este punto. La voy a contar para que la tengáis presente.

Cristo no había ido nunca a ver un partido de fútbol y un amigo le llevó a ver uno. Era un partido entre un equipo de católicos y otro de protestantes. Los católicos marcaron el primer gol y Cristo les animó con entusiasmo. Entonces los protestantes marcaron otro gol y Cristo volvió a animarlos con gran entusiasmo. Al verlo, el hombre que había detrás suyo quedó asombrado y le preguntó de qué equipo era. Cristo dijo que no era de ningún equipo y que simplemente estaba disfrutando del partido. "¡Ah, un ateo!", dedujo el hombre. No vayamos a cometer el mismo error.


P. Krishna


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