Concepciones Falsas12

[Artículo por H. P. Blavatsky]


¡Francia que no quieres comprendernos!

Periodistas europeos y americanos, ¿por qué no estudiáis la Teosofía genuina, antes de criticarla?

Porque la aristrocacia científica es vanidosa y se pone unos zancos que ella misma fabricó, porque la filosofía moderna es materialista hasta la raíz de los cabellos y porque ambas, en su orgullo, olvidan que: a fin de entender y apreciar la evolución futura, es necesario conocer la evolución pasada. ¿Acaso debemos considerar como “un esperpento intelectual y simple malabarismo” todo lo que esta aristocracia científica y que esta filosofía materialista no comprenden?

Los misioneros de los Himalayas ofrecen su ciencia y su luz debido, justamente, a estos “pensadores que, ahora, están experimentando una ansiedad indescriptible” al ver el desintegrarse de todas las verdades. Esta luz es muy débil, aunque su rayo, procedente del Sol de la Verdad vale más que las luces artificiales ofrecidas por los fisiólogos y los patólogos, promovidos, de repente, al rango de psicólogos. ¿Ustedes piensan, seriamente, que es suficiente paralizar ciertas regiones cerebrales y excitar otras, a fin de profundizar en el misterio del origen y de la esencia del alma humana? Nosotros mecemos, ante estos pensadores, insatisfechos de la vida, el “Loto simbólico” a fin de alumbrar un rayo de esperanza, que su vista fatigada no sabe ya discernir de las sombras chinas que guiñan, manipuladas por los pseudo-sabios que dicen al público: “¡He aquí la ciencia!”

El artículo titulado: “Revolución” es una concepción falsa de la Teosofía, ya sea de Madrás, de Londres, de París o de América. Está pletórico de errores, desde la A a la Z; errores, repito, concernientes a las misiones y a las enseñanzas de la teosofía; sin embargo es una recapitulación admirable de la situación actual con respecto a la ciencia, las aspiraciones de las masas y las observaciones relativas al del estado de los asuntos sociales. En síntesis, “Revolución” es un silogismo, cuyas premisas son falsas, mas cuya conclusión lógica da crédito a “Aleph,” el seudónimo que usa su autor. En realidad, su única falla ha sido la de juzgar la misión de los teósofos de Madrás, valiéndose de las caricaturas de los periodistas de todos los países. El ha aceptado esta representación en fe y de ésta saca sus conclusiones. Este es un procedimiento antiteosófico: los teósofos no deben aceptar nada por fe; dejan tal manera de actuar a las religiones antropomorfas y a los adoradores ciegos de la ciencia materialista.

Los “misioneros” de la revista “Le Lotus” (El Loto), están dispuestos a contestar. Algunos de ellos han entrado a los laboratorios de los químicos, ayudándoles a producir el fenómeno de los sonidos astrales. Otros han demostrado a los físicos que, cuando uno sabe cómo despertar el poder latente, toda la materia se anima. Un químico famoso temía comunicar a sus colegas, fenómenos que él mismo había producido. Los físicos no entendieron nada al respecto. Inducidos a explicar lo que habían visto, contestaron: “La materia, como la conocemos, no puede actuar de esta manera. Como no creemos en el diablo, nos vemos obligados a considerarlo un truco. Los teósofos son hábiles malabaristas.” ¡DIXIT!

¡Así sea! Los “misioneros teosóficos” ahora cantan:

“Como los laureles ya se cortaron,
Ya no iremos a las selvas.”

Los científicos se han apoderado de todos los laureles y niegan a la vieja ciencia oculta lo que le corresponde. Los teósofos ocultistas son niños mejores: no luchan por su porción, pero agregan, con felicidad, a las coronas de laureles que los científicos tejen, los cardos que crecen en el borde del sendero.

No venimos en defensa de ninguna religión. Lo sobrenatural no existe en la Naturaleza, Una, Absoluta e Infinita. Nunca hemos pretendido que el milagro fuera algo fácil. Además: a pesar de que un milagro es imposible como fenómeno, siendo fruto de combinaciones hasta la fecha desconocidas para la ciencia; se vuelve posible desde el momento que puede ser producido a voluntad. Nosotros decimos que: toda “manifestación que tiene efectos físicos” (citación del vocabulario espiritista), cuya naturaleza se sustrae a la perspicacia de las ciencias naturales, es un TRUCO PSICOLOGICO (nota: no se confunda este tipo de truco, con el malabarismo de Robert Houdin).

La verdad de nuestras doctrinas estriba en su filosofía y en los hechos en la Naturaleza. Acusarnos de que pretendemos que nuestra ciencia oculta rebase la de Jesús o de Buda, es simplemente calumnia.

Los teósofos europeos tienen poco que ver con el “ascetismo.” Es una enfermedad atávica de los Hatha Yoguis, los prototipos hindúes de los cristianos que fustigan y torturan su carne hasta volverse locos, dialogando con el Diablo sin convertirlo. Los teósofos, hasta en la India, protestan contra el Yoguismo de los faquires. Un asceta solitario es un símbolo del egoísmo más cobarde, un ermita que abandona a sus hermanos en lugar de ayudarles a sobrellevar la carga de la vida, trabajar para los demás y empujar la rueda de la vida social, es un cobarde que se esconde cuando la batalla se ha librado, durmiéndose ebrio bajo el efecto de un narcótico. El ascetismo, según lo entienden las religiones exotéricas, ha producido a los locos ignorantes que se lanzan bajo el carro de Juggernaut. Si estos desdichados hubiesen estudiado la filosofía esotérica, sabrían que: bajo la letra muerta del dogma que los Brahmines han enseñado, los cuales explotan, como los curas, que heredan las posesiones de sus víctimas enloquecidas por los terrores supersticiosos, se halla oculto un significado profundamente filosófico; sabrían que sus cuerpos, que ellos aplastan bajo las ruedas del carruaje de Jagan-nâtha13 son los símbolos de las pasiones materiales burdas que este “carruaje” (el alma divina y espiritual) debe destruir. Al saber esto, no aplicarían a sus cuerpos, la simple cáscara animal del dios que está latente en el interior, el ascetismo moral y espiritual que el esoterismo enseña. Los teósofos de la India se esmeran por destruir el ascetismo exotérico o la “deificación del sufrimiento”, el verdadero satanismo de la superstición.

En lo referente a la Génesis que enseñamos, “Aleph” no sabe ni la primera palabra. Los anales prehistóricos que los Maestros de Sabiduría conservan en el otro lado de los Himalayas, no contienen el relato de la “Creación,” sino de la evolución periódica del Universo, su explicación y su razón de ser filosófica. La ausencia del telescopio moderno14 no prueba nada, los antiguos tenían algo mejor que esto. Además: es suficiente leer el “Tratado de la Astronomía Inda y Oriental” de J.S. Bailly, para encontrar allí que los antiguos hindúes sabían como y mucho más que los astrónomos modernos.

El Esoterismo universal, que algunas fraternidades cosmopolitas conservan y acerca del cual los brahmines en general han perdido la clave, desde hace mucho tiempo, ofrece una génesis cósmica y humana lógica, basada tanto en las ciencias naturales como en una filosofía pura y trascendental. El exoterismo judío-cristiano sólo ofrece una alegoría que estriba en la misma verdad esotérica, pero tan mistificada por la letra muerta, que discernimos de ella sólo ficción. Los cabalistas judíos la entienden hasta cierto punto. Los cristianos, apropiándose de la mercancía ajena, no podían esperar recibir elucidación alguna sobre la verdad, por quienes despojaron. Han preferido creer en la fábula, convirtiéndola en un dogma. He aquí el por qué la Génesis de los hindúes antiguos puede demostrarse científicamente, al tiempo que la bíblica no.

No hay Paraíso “Brahmo-Budista,” ni Brahmo-Budismo; los dos son tan poco afines como el fuego y el agua. Pero ambos comparten la base esotérica; sin embargo, al tiempo que los brahmines sepultaron sus tesoros científicos, enmascarando la hermosa estatua de la Verdad con los ídolos horribles del exoterismo, los budistas, siguiendo el ejemplo de su gran Maestro Gautama, “la luz de Asia,” trabajaron siglos para llevar a la luz la estatua hermosa. Si el campo del budismo exotérico y oficial de las iglesias del norte y del sur, de Tibet y Ceilán, se ha cubierto, nuevamente, de mala hierba, los teósofos son quienes ayudan, justamente, al gran sacerdote Sumangala a erradicarla.

Ninguna gran religión, ni la etíope, ha antecedido la religión de los primeros Vedistas: el “Budhismo” antiguo. He aquí lo que queremos decir. Cuando hablamos de Budhismo esotérico (con h), el públido europeo, que desconoce el tópico del orientalismo, lo considera como Budismo o la religión de Gautama Buda. “Buda” es el título dado a los sabios y significa “un iluminado.” La raíz etimológica de Budhismo es “Budha” (sabiduría, inteligencia), representada en los Puranas. Es el hijo de Soma (la luna en su aspecto masculino o Lunus) y de Târâ la esposa infiel de Brihaspati (el planeta Júpiter), la personificación del culto ceremonial del sacrificio y otras farsas exotéricas. Târâ es el alma que aspira a la verdad, se aleja con horror ante el dogma humano, pretendido divino y se lanza a los brazos de Soma, el Dios del misterio, de la naturaleza oculta, del cual nace Budha (el hijo brillante pero velado), la personificación de la sabiduría secreta, del Esoterismo de las ciencias ocultas. Este Budha antecede, de millares de años el año 600 (o 300 según ciertos orientalistas) antes de la era cristiana, período asignado a la venida de Gautama Buda el príncipe de Kapilavatsu. El Esoterismo budhista no tiene nada que ver con la religión budista; ni siquiera el bueno y respetable Sumangala tiene nada que ver con la Teosofía en la India. El se ocupa sólo de sus nueve o diez “ramas de la Sociedad Teosófica” en Ceilán, las cuales, gracias a la ayuda de los misioneros teosóficos, se liberan, años tras años, de las injertadas en el Budismo puro, durante el reino de los reyes tamil. El anciano y santo Summangala trabaja para restablecer, a la pureza primitiva, la religión predicada por su gran Maestro, religión que desdeña la ostentación, los ídolos y tiende a reconvertirse en esta filosofía cuya moral sublime eclipsa la de todas las otras creencias del mundo entero.15

Una vez que se conozca la Teosofía y sus principios, se demostrará que nuestra filosofía no sólo es una “pariente próxima de la ciencia moderna,” sino su antecesora, la cual la supera mucho en la lógica y su “metafísica” es más amplia, más hermosa y poderosa que cualquier otra que emane de un culto dogmático; porque sólo la metafísica de la Naturaleza, en su casta desnudez física, moral y espiritual es capaz de explicar el milagro aparente por medio de las leyes naturales y psíquicas, completar las nociones puramente psicológicas y patológicas de la ciencia y destruir para siempre los Dioses antropomorfos y los Diablos de las religiones dualistas. Nadie cree más firmemente que los teósofos en la Unidad de la Ley Eterna.

El neo-budismo de la religión del príncipe Siddharta Buda, jamás será acogido por Europa y América por la simple razón que nunca se revelará al occidente. Con respecto al neo-budismo o “Renacimiento de la Sabiduría Antigua” de los arios antevédicos, si los pueblos occidentales lo rechazarán, su período evolutivo actual desembocará en una calle sin salida. El cristianismo verdadero de Jesús, el gran socialista y Adepto, el hombre divino que lo han convertido en un dios antropomorfo; las ciencias (que se encuentran en su período de transición y que son, según Haeckel, unos prostitae,16 en lugar de ciencias definitivas) y las filosofías del día que parecen jugar a la mosquita ciega las unas con las otras, rompiéndose las narices, no permitirán al occidente alcanzar su plena eclosión si da la espalda a la Sabiduría Antigua de pasados siglos. La felicidad no puede existir donde la Verdad está ausente. La felicidad, construída sobre las arenas movedizas de las ficciones y las hipótesis humanas, es simplemente un castillo de naipes que se derrumba al primer soplo. No puede existir, realmente, mientras que reine supremo el Egoísmo en las sociedades civilizadas. La felicidad, para todos los miembros de la humanidad, permanecerá como una utopía, hasta que el progreso intelectual rechace aceptar una posición subordinada al progreso moral y el Egoísmo se desvanezca ante el Altruismo predicado por Gautama y el verdadero Jesús histórico (el Jesús del santuario pagano y no el Cristo de las iglesias). Como hasta la fecha los teósofos son los únicos que predican este altruismo sublime (a pesar de que dos tercios de la Sociedad Teosófica haya fracasado en su deber) y algunos de ellos, entre una multitud desdeñosa e insolente, se sacrifican, en cuerpo y alma, honores y bienes materiales, dispuestos a vivir escarnecidos y mal comprendidos, a fin de lograr sembrar el buen grano para una cosecha que ni les tocará segar; por lo tanto, las personas que se interesan en la suerte de los miserables, deberían, por lo menos, abstenerse de vilipendiarles.

Hay sólo un modo para mejorar la vida humana: el amor al prójimo por el amor mismo, y no para nuestra gratificación personal. El teósofo más grande, es decir; aquél que ama la verdad divina bajo todas sus formas, es aquél que trabaja para el pobre y con él. Existe un hombre, conocido en todo el mundo intelectual europeo y americano, el cual, quizá, jamás haya oído hablar de la Sociedad Teosófica, me estoy refiriendo al Conde León Tolstoy, el autor de “Guerra y Paz.” Este gran escritor es el modelo real de todo aspirante a la verdadera teosofía. El fue el primero, entre la aristocracia europea, que solucionó este problema: “¿Qué puedo hacer para dar felicidad a todo pobre que encuentre?” Lo siguiente es lo que él dice:

“Pienso que es el deber de cada uno trabajar para quienquiera que necesite ayuda; quiero decir: trabajar manualmente durante una parte del día. Es más práctico trabajar con el pobre y para él, que donarle una parte de tu labor intelectual. En el primer caso: no sólo ayudas a quien lo necesita, mas eres un ejemplo para los perezosos y los mendigos. Les haces ver que no consideras que su trabajo simple está debajo de tu dignidad, inculcándoles el respeto, la autoestima y un sentido de satisfacción por su destino. Si, en cambio, sigues trabajando sólo en tu alta región intelectual, donando al pobre el producto de tu trabajo, como limosna al mendigo, fomentarás su desidia y el sentimiento de inferioridad. Entonces, estableces una diferencia de casta social entre tú y quien acepta tu limosna. Le desactivas la autoestima y la confianza que puede depositar en ti, sugiriéndole aspiraciones para desembarazarse de la condiciones difíciles de su existencia, transcurrida a lo largo del trabajo diario y físico, induciêndole a querer asociarse con tu vida, que le parece más fácil que la suya, a llevar puesto tu vestuario, que le parecerá más bonito que el suyo y obtener acceso a tu posición social, que considera superior a la suya. Esta no es la forma, gracias al progreso científico e intelectual, en que podemos esperar aliviar a los pobres o inculcar a la humanidad, la idea de una verdadera fraternidad.”

En la India, los “misioneros” teósofos trabajan para hacer desaparecer el espíritu de casta, reuniendo todas las castas en su hermandad. Desde su llegada en el país de las vacas sagradas y del buey dios, hemos visto una cosa increíble e imposible anteriormente: alrededor de la misma mesa se han sentado brahmines, pariahs, hindúes, budistas, parsis y musulmanes. Cuando en la Francia republicana veamos un aristocrático y un financiero entablar una amistad con quienes les lavan la ropa o una dama del gran mundo, orgullosa de sus sentimientos democráticos, ayudar a una pobre campesina a plantar sus repollos, como lo hace la hija del Conde Tolstoy y los verdaderos teósofos europeos en Madras y en otros lugares, diremos que hay esperanza para los pobres en Europa.

“Aleph” confunde los sacerdotes del templo público con los Iniciados de los Santuarios, los cuales jamás creyeron en su Dios antropomorfo. La historia que nos da de la evolución de las ciencias ocultas y del poder magnético es una fantasía. Su descripción muestra mucha imaginación; pero muy poco conocimiento de los procedimientos empleados para la adquisición de los poderes “ocultos.”

La Astrología es la madre de la Astronomía y la Alquimia de la Química; así como el alma plástica es la madre del hombre físico primitivo. Al mismo tiempo, la Astrología y la Alquimia son el alma de dos ciencias modernas. Hasta que se reconozca esta verdad, la Astronomía y la Química seguirán girando en un círculo vicioso, sin producir nada fuera de la materialidad.

Decir que las ciencias ocultas pretenden mandar, arbitrariamente, a la naturaleza, equivale a decir que el sol ordena al astro del día alumbrar. Las ciencias ocultas son la naturaleza misma; el conocimiento íntimo de sus secretos no otorga a los Iniciados el poder de mandarlas. La verdad es que este conocimiento enseña a los Adeptos la manera de facilitar ciertas condiciones para la producción de los fenómenos, siempre fruto de causas naturales y las combinaciones de fuerzas análogas a las que emplean los científicos. La real diferencia entre la ciencia moderna y la ciencia oculta consiste en lo siguiente: la moderna, opone a una fuerza natural otra natural más poderosa en el plano físico; la oculta, opone a una fuerza física una espiritual o psíquica, es decir: el alma de esta misma fuerza. Quienes no creen en el alma humana, ni en el Espíritu inmortal, no pueden admitir, a priori, que en cada átomo de materia se halla un alma vital y potencial. Esta alma, humana, animal, vegetal o mineral, es simplemente un rayo prestado por el alma universal a cada objeto manifestado durante el ciclo o período activo del Kosmos.17 Quienes rechazan a esta doctrina son materialistas o fanáticos sectarios que temen la palabra “Panteísmo,” más que al diablo de sus sueños insalubres.

Asociar la idea de la “gran obra” con la de Dios y del Diablo, induciría una sonrisa piadosa en un chela de sólo seis meses. Los teósofos no creen ni en el uno ni en el otro. Ellos creen en el gran Todo, en Sat, es decir, la existencia absoluta e infinita, única y sin paralelo; la cual no es ni un Ser ni una criatura antropomorfa; sino que es y que nunca puede no ser. Los teósofos ven en un sacerdote de cualquier religión un ser inútil y a veces pernicioso. Ellos predican contra todas las religiones dogmáticas e infalibles y conocen sólo una divinidad dispensadora de castigos y recompensas: el Karma, la divinidad creada por sus acciones. El único Dios que los teósofos adoran es la VERDAD; el único diablo que reconocen y que combaten con vigor es el Satán del Egoísmo y de las pasiones humanas.

Sería curioso saber a dónde “Aleph” se fue para obtener esta información acerca del ocultismo hindú. A mi juicio desde los romances brahmánicos de Louis Jacolliot. Ahora bien, él no sabe que: ¡hoy en día, los brahmanes ignoran las ciencias ocultas tanto como los budistas de Ceilán! Entre las siete claves esotéricas que abren la puerta del aposento de Barba Azul (el ocultismo), ellos poseen sólo una, la clave fisiológica o el aspecto sexual (fálico) de sus símbolos. Entre 150 millones de brahmines de todos grados, no encontramos ni 150 iniciados, en la India, englobando tanto sus Yoguis como sus Paramamsas. Sus templos se han convertido en cementerios donde yacen los cadáveres de sus hermosos símbolos de antaño y donde reinan supremas la superstición y la esplotación. ¿Si la situación era distinta, por qué los teósofos americanos fueron a la India? ¿Por qué millares de brahmines entraron en la Sociedad Teosófica deseosos de pertenecer a un centro donde podían encontrar, de vez en cuando, un verdadero Mahatma de carne y hueso procedente de la otra vertiente de la “gran montaña”? Haríamos bien en estudiar la doctrina secreta para aprender que la abuela roja de la Atlántida desaparecida (la Atala de Sûrya Siddhânta y de Asura Maya) tenía una bisabuela, Vâhi Saravati en la isla de Shambala, cuando el Asia central era simplemente un vasto océano, donde ahora está el Tibet y el desierto de Shamo o de Gobi.

“Aleph” reconoce la necesidad de mantener sigilo de las ciencias peligrosas, la química, por ejemplo, sin divulgar a la masa, aun en los países civilizados, el misterio de ciertas combinaciones mortíferas. ¿Entonces, por qué nos negamos a ver un acto de sabiduría, cuya necesidad procede de la experiencia del corazón humano, en la ley del silencio impuesta a los Adeptos acerca de las revelaciones ocultas?

A mi juicio, serían las clases inteligentes y ricas que abusarían del poder oculto para su beneficio y rentabilidad, más bien que las clases ignorantes y pobres. La primera lay de la Ciencia Sagrada consiste en jamás usar el saber propio para el interés personal; sino que trabajar con los demás y para ellos. ¿Cuántas personas encontraríamos en Europa y en América dispuestas a sacrificarse para el prójimo? Un Adepto enfermo no tiene el derecho de dispensar su fuerza magnética para disminuir su sufrimiento personal, mientras que sepa de una sola criatura que sufre y cuyo dolor físico o mental él puede aliviar o curar. Es consagrar el sufrimiento personal para la salud y la felicidad ajena. Un teósofo, si contempla el Adeptado, no debe vengarse. Debe sufrir en silencio antes de fomentar en otro pasiones funestas o el deseo de desquitarse en su turno. Las primeras reglas del noviciado (discipulado) son: no resistir al mal, el perdón y la caridad.

Sin embargo, a nadie se le pide que se convierta en un teósofo y, aun menos, que se haga recibir como candidato al Adeptado y a la iniciación oculta.

“Aleph” tiene razón una vez más, en apariencia; la actividad febril de Europa y América sería una compañía turbulenta para el quietismo asiático. Sólo la polaridad puede producir el fenómeno vital; así como ella produce, por medio de la unión de fuerzas positivas y negativas, el fenómeno de la gravitación. Dos polos de la misma naturaleza se rechazan mutuamente, por ejemplo: el asenso cordial, la tierna fraternidad que reina entre las naciones occidentales. Si la fusión de los contrarios no tiene lugar, si el inglés no llega a llamar, abiertamente, al hindú, su hermano, actuando como si lo fuese, las naciones europeas y americanas terminarán, un día, por devorarse recíprocamente, dejando en el campo de batalla sólo sus colas, como lo hacen los gatos de Kilkany.

Cuando “Aleph” critica el brahmanismo está en lo cierto, aunque debería saber que, desde los tiempos védicos, los brahmanas no conocían las castas ni las viudas de Malabar. Las interrogantes de Aleph dejan constancia conclusiva de que él ha leído a Jacolliot y juzga a la India según los 21 volúmenes del autor, más prolífico y encantador, que exacto. El brahmanismo de Jacolliot no existía en el campo de los Rishis y ha sido demostrado perfectamente que los bramines han embellecido su ley de Manu en el período post-Mahabarata. Durante la era védica, las viudas volvían a casarse sin problema y la invención a casarse sin problema y la invención de las castas data la edad del kaly-yuga, por razones tanto ocultas como justas, desde el punto de vista de la prosperidad y de la salud de las razas.

¿De qué nos sirve todo esto? ¿Qué nexo hay entre nosotros, los teósofos y el brahmanismo, excepto la lucha que hemos librado contra sus abusos a nueve años de la formación de la Sociedad Teosófica en la India? Ragunath Rao, un brahmín de la casta más elevada, que ha sido presidente de la Sociedad Teosófica de Madras por tres años y que ahora es el primer ministro (Dewan) del Holkar, es el reformador más ferviente de la India. Al igual que muchos otros teósofos, él lucha contra la ley de la viudez, sustentándose en los textos de Manu y védicos. Ya ha liberado varios centenares de jóvenes viudas, destinadas al celibato por haber perdido a sus maridos en su infancia y ha vuelto a casarlas a pesar de los gritos y las protestas de los brahmines ortodoxos. El se burla de las castas y las cientouna Sociedades Teosóficas indas lo ayudan en esta guerra a ultranza contra la superstición y la crueldad de los clérigos.

Es erróneo decir que estas instituciones fueron establecidas durante el reino del Esoterismo. La pérdida de las claves de los símbolos y de las leyes de Manu ha producido todo error y abuso que han penetrado en el brahmanismo. ¿Aun cuando estas acusaciones fueran exactas, qué tenemos que ver con el brahmanismo ortodoxo? Los horrores que Devendro Dass describe acerca de “la viuda hindú” en el artículo: “Siglo XIX” y citados contra los teósofos en el mismo número de “La Revista del Movimiento Social,” (pag. 333, Enero, 1887), son perfectamente verdaderos. Sin embargo, Devendro Dass, siendo teósofo desde 1879, debería comprender que los teósofos pugnan contra el brahmanismo de las pagodas, así como lo hacen contra todas las supersticiones, los abusos y las injusticias.

La manera de actuar de los teósofos budistas, servidores de la Sabiduría y de la Verdad, los cuales no pertenecen a ninguna religión o secta, mas bien, al contrario, combaten los cultos exotéricos, los abusos que de ellos derivan y que se esfuerzan en ser útiles a la humanidad, debería ser suficiente para restablecer la verdad acerca de los “misioneros” de los Himalayas. Dichos servidores vienen a ofrecerse a Europa y América porque la ciencia oculta y la filosofía esotérica tienen, “como función axial, el servicio a la humanidad,” por eso sus ardientes servidores tratan de despertar a los europeos y los asiáticos dormidos bajo la sombra mortal del clericalismo, recordándoles las lecciones de la Sabiduría Antigua. Quienes aun lo dudan, les rogamos que juzguen el árbol de la Teosofía por sus frutos; ya que, si lo juzgan según los frutos del árbol de las religiones brahmánica, budista y judeo-cristiana, se comete una injusticia patente, impidiendo a los teósofos ser útiles a su prójimo, especialmente a los desheredados del mundo.

Como en otra parte hemos hablado del buen Summangala, no es necesario perder el tiempo en repudiar nuestra solidaridad con los bonzos o los brahmanes. Estos últimos, especialmente aquellos que han mantenido una actitud archi-ortodoxa y que se oponen a toda reforma benéfica, nos persiguen y nos odian tanto como lo hacen los clérigos cristianos y los misioneros. Quebramos sus ídolos y ellos tratan de destruir nuestra reputación, mermando nuestro honor. Los que actúan de esta forma son, en particular modo, los servidores de Cristo, aquel que, en primer lugar, vedó rezar al “Padre” en los templos, comparando los hipócratas a los fariseos que ejecutan acciones misericordiosas abiertamente, parecidos a sepulcros blanqueados por fuera y podridos por dentro. Sin embargo, debemos admitir que los “Bonzos,” los sacerdotes budistas, son los únicos que nos han verdaderamente ayudado en nuestras reformas. Nunca, la voz de un sacerdote de Gautama ha concitado contra nosotros. Los budistas de Ceilán han sido siempre verdaderos hermanos de los teósofos europeos o americanos. ¿Qué acontece en el Tíbet? Una cosa extraordinaria, que ha desconcertado a los raros misioneros que vienen a este país. Durante la plena actividad comercial, en el mediodía, los vendedores van a su casa, dejando su mercancía expuesta en la calle. Los compradores que ven algo que les interesa, miran el precio del objeto que les hace falta, lo toman y dejan el dinero correspondiente en el mostrador. Cuando el vendedor vuelve, encuentra el dinero de los objetos comprados, mientras el resto queda intacto. He aquí algo que no encontramos ni en Europa ni en América y esto es simplemente el resultado de los mandamientos exotéricos de Gautama Buda, quien fue sólo un sabio y jamás se había endiosado. En Tíbet no hay mendigos, ni personas que mueren de hanbre, la embriaguez, el crimen y la inmoralidad son desconocidos, exceptuando a los chinos, quienes no son budistas en el verdadero sentido de la palabra; así como los mormones no son cristianos. ¡Ay, qué la suerte preserve al pobre Tíbet con su población ignorante y honrada, de los beneficios de la civilización y, sobre todo, de los misioneros!

¡Qué lo proteja, aun más, del “Dios del Progreso,” como se manifiesta en Europa y en América! Se nos dice que el progreso es mejoramiento, “la evolución social que mejora, incesantemente, las condiciones físicas, intelectuales y morales de la mayoría.” ¿Dónde vio “Aleph” todo esto? ¿Acaso en Londres, con sus cuatro millones de habitantes entre los cuales, un millón de ellos come sólo una vez cada tres días, cuando mucho? ¿Acaso en América, donde el progreso necesita la expulsión de millares de trabajadores chinos, enviados a morir de hambre a otro lugar o la expulsión inmediata de inmigrantes irlandeses y otros desamparados de los cuales Inglaterra está tratando de desembarazarse? Un progreso construido sobre la explotación del pobre y del trabajador, es simplemente otro carruaje de Jaggernath con una nariz postiza. Entre el progreso de las clases instruidas y ricas que debe pisotear los cadáveres de millares de pobres e ignorantes, tenemos el derecho de preferir una muerte suave bajo el árbol de manzanillo.

¿Acaso los chinos de California no son nuestros hermanos? ¿Los irlandeses expulsados de sus cabañas y condenados a morir de hambre con sus hijos, demuestran la existencia del progreso social? ¡No y mil veces no! El progreso desempeñará simplemente el papel de Matador de los pobres, si los pueblos, en lugar de fraternizar y ayudarse mutuamente, reclaman su derecho de salvaguardar sus intereses nacionales; si los ricos rechazan entender que, al ayudar a un pobre extranjero, asisten a su hermano menesteroso en el futuro, dando el buen ejemplo a otros países y si el sentimiento de altruismo internacional permanecerá una frase vana en el aire.

Tratemos de entendernos: me refiero al progreso de la civilización en el plano físico, el progreso que “Aleph” ensalza hasta los cielos, desempeñando el papel de su bardo. Permitid el acceso de tal adelanto material en la arteria moral y los “misioneros” de la revista “Lotus” y de la India os reconocerán como sus maestros. Pero vosotros no hacéis nada por el estilo. Habéis agotado o estáis trabajando para el secamiento de la única fuente de consuelo para los pobres: la fe en su Ego inmortal y no le habéis dado nada a cambio. ¿Acaso los tres cuartos de la humanidad son más felices gracias al progreso de la ciencia y su alianza con la industria de la cual os regocijáis? ¿La invención de las máquinas ha producido algún bien para el trabajador manual? ¡No! Ha desembocado sólo en un mal ulterior: la creación, entre los trabajadores, de una casta superior, semi-instruida y semi-inteligente, a menoscabo de las masas menos favorecidas que se han vuelto más pobres. Vosotros mismos lo admitís: “La producción excesiva de cosas y trabajadores crea carga, abundancia, escasez y deficiencia, es decir: el paro y la miseria.” Millares de niños pobres de las fábricas que representan, para el futuro, largas generaciones de minus-válidos, raquíticos y desdichados mendigos, son sacrificados en holocausto a vuestro progreso, el Moloch insaciable y siempre hambriento. Si, nosotros protestamos y decimos que: “hoy la situación está peor que ayer” y negamos los beneficios de un adelanto que se propone sólo el bienestar del rico. La “Felicidad” de que habláis no llegará mientras que el progreso moral se quede en un adormecimiento inactivo, paralizado por el egoísmo feroz de todos, tanto del rico como del pobre. La revolución francesa de 1789 se ha abocado sólo a una cosa evidente: esta falsa hermandad que dice a su prójimo: “Piensa como yo o te golpeo duro, sé mi hermano o te percuto.”

Los teósofos “misioneros” se proponen, también, una revolución social; pero es una revolución completamente moral y se llevará a cabo, una vez que las masas desheredadas hayan comprendido que la felicidad se halla en sus manos, que la riqueza es simplemente fuente de preocupaciones, que felices son quienes trabajan para los demás; ya que ellos trabajan para él; y una vez que los ricos sientan que su felicidad depende de la de sus hermanos, a pesar de cual sea su raza o religión; sólo entonces el mundo verá rayar el día del bien.

“Aleph” pregunta por qué el mundo no debería ser eterno. Por qué las entidades de la jerarquía que lo componen no deberían sucederse las unas a las otras como los miembros de las especies que pueblan nuestro globo y los demás. ¿Acaso la formación de mundos por otros mundos y de universos por medio de otros universos, más racional por analogía de la de Moisés o aun de Laplace? Entonces, “Aleph” enseña la teosofía pura; siendo, por lo tanto, un teósofo y un “misionero budista” sin saberlo. Clamamos “Aleph” y le damos la bienvenida con los brazos abiertos. “La Doctrina Secreta,” cuya publicación es inminente, mostrará que: a comienzos de la última evolución periódica de nuestro globo, así como la de sus seres, los procesos de generación proporcionaron variedades jamás imaginadas en los laboratorios. La cooperación de los principios masculinos y femeninos, estrenados sólo por el hombre físico, constituían sólo uno de estos procesos.

Nuestra “nueva religión” que no es una religión; sino una filosofía, jamás ha aceptado lo “finito” del Kosmos. Tampoco los brahmines y los bonzos, en sus delirios exotéricos más acentuados, no aceptaron nunca lo “finito” del Kosmos. Es suficiente abrir los libros Vedantas, Manu, los Puranas, el Catecismo Budista, etc., para encontrar allí la afirmación de la eternidad del Kosmos, el cual es simplemente la manifestación periódica y objetiva de la misma Eternidad absoluta, del principio por siempre desconocido que llamamos: Parabrahman, Adi-Budha, “Sabiduría Eterna y Una.”

Un absurdo más grande que el de hablar de un Dios cruel, es el de admitir que Dios, el gran Todo Absoluto, pueda, alguna vez, inmiscuirse en los asuntos terrenales o humanos. Lo infinito no puede asociarse con lo finito; lo incondicionado ignora lo condicionado y lo limitado. La “Sabiduría-Inteligencia” absoluta no puede actuar en el espacio limitado de un pequeño globo; está latente y omnipresente en el Kosmos infinito como ella y nosotros encontramos la única manifestación verdaderamente activa de esta “Sabiduría-Inteligencia” en la humanidad total, compuesta por chispas descarriadas, finitas en su duración objetiva, eternas en su esencia, proyectadas de esta Fuente sin principio ni fin. Por lo tanto, el único Dios al que debemos servir es la humanidad y el único culto nuestro es el amor al prójimo. Si dañamos al prójimo, herimos y hacemos sufrir a Dios. Cuando negamos nuestros deberes fraternos y rechazamos reconocer un pagano y un europeo como nuestros hermanos, negamos a este Dios. He aquí nuestra religión y nuestro dogma.

Muy lejos de no querer entender a Europa, podemos decir que la India intelectual, si no la Brahmánica, la prefiere.

Esta India jamás ha asentido predicar la adversidad de Dios, ni el ascetismo según lo entiende nuestro corresponsal. Esto lo demuestra la ley de Manu, cuyo mandamiento es que el Grihastha Brahmín se case antes que se convierta en un asceta. La mala suerte más grande para un Brahmín es no tener hijos y el matrimonio es obligatorio, exceptuando casos extraordinarios cuando el niño está destinado a convertirse en un Brahmacharin o un Yogui célibe, por razones ocultas que no pueden enumerarse aquí. El Esoterismo jamás ha vedado las funciones sexuales o matrimoniales que la naturaleza misma ha creado. El Esoterismo trabaja en, con y para la naturaleza y condena sólo la inmoralidad, el abuso y el exceso. Además: entre los animales, el ser humano es el más animalesco en sus excesos, la bestia tiene sus estaciones, pero el ser humano no tiene ningún intervalo.

Quizá “Aleph,” nuestro corresponsal, hable de los ascetas cristianos, aquellos que se sumergen en el ascetismo exotérico, un rosario bendito en sus manos y los dogmas de la iglesia en sus cabezas. El hindú se vuelve asceta sólo después de haber estudiado, suficientemente, las ciencias ocultas, permitiendo que su naturaleza espiritual controle a la material. Es cierto que nuestro corresponsal confunde los ascetas de la India con los médiums espiritistas de Europa y América, los cuales, pobres sensitivos y neuróticos, ignoran las leyes esotéricas y son los que, al final, crean los íncubos y los súcubos, como dejan constancia las esposas desencarnadas de ciertos médiums en París.

La comparación entre el “Dios del pasado” y el “Dios de la ciencia” no es justa ni apropiada, ya que los reinos de estos dos Dioses difieren muy poco entre ellos. El pobre es tan infeliz hoy como lo era hace mil años y quizá más, puesto que la laguna entre el rico y él se ha ampliado.

El progreso sólo ha servido para proporcionar al rico goces desconocidos en los siglos del barbarismo.

El occidente es libre de rechazar la mano que el oriente le extiende. Sin embargo, no la rechaza siempre, como lo demuestran las numerosas Sociedades Teosóficas que brotan como hongos en Europa y en América.

El Jesús que “Aleph” menciona, le trastorna todas sus teorías cuando dice: “Mi reino no es de este mundo.” ¿Acaso a nuestro crítico benévolo le gustaría que admiráramos la acción de los fariseos, ofreciendo su noble ejemplo a Europa y América? Sería un esfuerzo vano, ya que, desde hace mucho tiempo, los cristianos de estos dos continentes han entregado la teosofía en las manos de los pretorianos seculares del periodismo, los cuales nos crucifican diariamente. Hasta la fecha, nuestros enemigos han sido el clero, los misioneros (que predican la hermandad, sin embargo ofrecen a los paganos sólo vicio y embriaguez), el Ejército de Salvación, la aristocracia piadosa e hipócrita, todos los materialistas y hasta los espiritistas que han cesado considerarnos como sus “queridos hermanos.” Sólo los socialistas inteligentes nos han entendido, ¿acaso aun ellos se enemistarán con nosotros?

Mientras tanto, nuestro corresponsal nos hace escuchar algunas verdades profundas. Sí, el brahmanismo exotérico debe capitular, mas lo remplazará el Vedismo esotérico, agregándole todo lo que es noble y hermoso en el desarrollo de la ciencia adelantada de este último siglo. Esta revolución no se realizará por los conquistadores; sino por medio del amor fraterno, el que llevará a cabo la unión de las dos razas arias y sólo cuando el inglés se detenga de considerar al brahamín, cuyo árbol genealógico se remonta a tres mil años, como el representante de una raza inferior. En cambio, el brahamín detesta al inglés, debiendo sufrir su gobierno temporal. En toda la India, sólo la Hermandad de los Teósofos ve al inglés altivo, sentarse en la misma mesa con el brahmana igualmente arrogante, sin embargo suavizado y humanizado por el ejemplo y las lecciones de los teósofos que sirven a los Maestros de la Sabiduría antigua, los descendientes de estos Rishis y Mahatmas que el Brahmanismo sigue respetando, aunque ha cesado de comprenderles.

Entonces, de lo dicho resulta que: no son los “sacerdotes de la India,” quienes tratan de traer de nuevo al occidente la Sabiduría antigua, sino algunos occidentales europeos y americanos, quienes, encauzados por su karma a la felicidad de conocer a ciertos Adeptos de la hermandad secreta de los Himalayas, se esfuerzan, bajo la inspiración de estos Maestros, a conducir de nuevo a los sacerdotes de la India al esoterismo primitivo y divino.

Han logrado pleno éxito en la India y en Asia, sólo Europa y América son aun recalcitrantes en su inhabilidad de comprender y apreciar la simplicidad de su meta. Al fin y al cabo es la mayoría la que rechaza comprender, esta mayoría que siempre ha mordido la mano que se prodigaba para ayudarle. Mas no desesperemos. Cuando el día tan deseado llegue, en que la hermandad universal e intelectual será, si no proclamada de derecho, por lo menos aceptada de hecho, las puertas del santuario, que se cerraron por largos siglos tanto a los brahmines ortodoxos como a los europeos escépticos, se abrirán para los Hermanos de todos los países. La “Abuela” recibirá sus hijos pródigos y todos sus tesoros intelectuales serán su herencia. Mas para que este momento llegue, se debe comprender el propósito de los “misioneros” de la India y apreciar completamente su misión. Hasta la fecha, el público ha visto sólo su imagen distorsionada y ridiculizada, en el espejo de la publicidad. El objetivo que algunos teósofos místicos siguen se ha convertido, según nuestros críticos mal guiados, en el objetivo de toda la Hermandad y el quid pro quo (esta confusión) ha culminado, al final, en el artículo de “Aleph” que nos predica nuestras doctrinas.



Nota

12 Este artículo H.P.B lo escribió originalmente en francés y se tradujo al castellano del original.
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13 Juggernaut en el dialecto popular, cuyo sentido es Señor del Mundo o Anima Mundi.
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14 Es consabido que en las proximidades de la Ciudad de México se ha descubierto un bajorrelieve en una pirámide más antigua que el descubrimiento de América, en el cual es representado un hombre que mira las estrellas a través de un largo tubo muy similar a nuestro telescopio; por no mencionar las observaciones astronómicas del “Surya-Siddhânta” que se pueden hacer remontar, matemáticamente, a 50 mil años atrás. (Editor del “Loto.”)
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15 Con respecto a lo dicho: véase a Bartolomeo Saint-Hilaire, el profesor Max Müller, etc., etc.)
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16 Organismos unicelulares (N. d. T.)
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17 H.P.B. usa K para describir el universo entero, mientras usa la C (Cosmos) sólo para la porción de nuestro sistema solar.
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