Mejorar el Mundo o Salvarlo

[Artículo por H. P. Blavatsky]


Correspondencia

Tú mismo debes hacer un esfuerzo. Los Tathâgatas son simples predicadores. Si un ser humano no encuentra ningún compañero prudente, que camine a solas, como un rey que ha dejado su país conquistado atrás. Es mejor vivir solo; no hay amistad posible con los tontos. Que un ser humano camine solo; no cometa ningún pecado y que tenga pocos deseos, como un elefante en el bosque.

Dhammapada, 61, 276, 329, 330
Sutta Nipata, I., 3, 12, 13

Al Editor de la revista "Lucifer"

En el tercer número de su "Revista Teosófica," publicada el 21 de Mayo 1889 en París, se encuentra un párrafo muy importante que ha causado dudas muy serias en las mentes de algunos lectores alemanes. Es probable que dichas dudas dependan de haber mal entendido sus palabras o de su concisión. ¿Me permitiría presentar nuestro punto de vista sobre el asunto y sería tan amable de darnos su opinión, públicamente, quizá en el Lucifer, de lo que hemos planteado?

Usted, refiriéndose a los "yoguis" indos y a los "santos" europeos, escribió:

"La sabiduría oriental26 nos enseña que el Yogui hindú, que se aisla en un bosque impenetrable, análogamente al ermitaño cristiano, que suele retirarse, como en la antigüedad, en el desierto, son simplemente unos egoístas versados. El yogui actúa con la única idea de encontrar, en la esencia una y nirvánica, un refugio para resguardarse de la reencarnación, mientras el ermitaño cristiano actúa con el propósito de salvar su alma; ambos piensan sólo en sí mismos. Su motivo es plenamente personal. Aun suponiendo que alcancen su fin: ¿acaso no son como los soldados cobardes que desertan de su ejército en el momento de la acción para protegerse de las balas? El yogui y el "santo" que se aíslan, no ayudan a nadie, excepto a sí mismos; al contrario, ambos muestran ser profundamente indiferentes al destino de la humanidad, abandonándola y desertando de ella."

Usted no expresa claramente lo que espera que haga un verdadero sabio: pero en seguida alude a nuestro Señor Buddha y a lo que El hizo. Nosotros aceptamos prontamente su ejemplo y su enseñanza como nuestra regla ideal. Sin embargo, de las estancias con las que abrí mi carta, parece que lo que él esperaba que sus discípulos hiciesen, discrepa con lo que usted parece esperar de ellos.27

Buddha enseñó que todo el mundo o los tres mundos; en rigor toda existencia, es dolor o lleva al dolor y al sufrimiento. El mundo y la existencia es dolor y mal en sí. Es un error (avidya), creer que sea posible satisfacer el deseo. Al final, todos los deseos mundanos abocan a la insatisfacción y el deseo (la sed) de vivir es la causa de todo mal. Sólo quienes se esmeran por liberarse (salvarse o redimirse) de toda existencia (de la sed por la existencia) y conducen la "vida feliz" de un bhikshu perfecto, son sabios y sólo ellos alcanzan el Nirvana y, cuando mueran, el paranirvana, que es ser absoluto e incambiante.28

No cabe duda que en el mundo está produciéndose algún desarrollo o el llamado mejoramiento, una evolución e involución. Esta es la razón por la cual Buddha enseñó (como lo hizo Krishna antes de él), que el mundo es "irrealidad, maya, avidya." Toda forma efectiva de existencia se ha convertido en tal, se ha desarrollado en lo que es; seguirá cambiando y tendrá un fin; así como tuvo un comienzo como forma. La única y verdadera realidad es la Seidad Absoluta, sin "forma" y sin "nombre," ciertamente la única realidad verdadera, que bien vale la pena por un verdadero sabio alcanzar.29

Ahora bien: ¿qué hizo nuestro Señor el Buddha y cómo vivió? No trató en ningún modo de mejorar el mundo; no trató de solucionar los problemas sociales como la cuestión laboral, ni mejoró los asuntos mundanos de los pobres ni de los ricos; no se inmiscuyó en la ciencia, ("Malunka Sutta" en el Manual de Buddhismo de Spencer Hardy, pag. 375) al contrario, vivió de la manera más atípica para el mundo, mendigando su alimento y enseñando a sus discípulos hacer lo mismo. Abandonó todos los asuntos terrenales y la vida del mundo, enseñando lo mismo a sus discípulos para que dejaran a sus familias, quedándose sin casa; así como él hizo y vivió.30

No se pude invalidar lo antes dicho afirmando que éstas son, simplemente, las enseñanzas del sistema Hinayana y, tal vez, las del Mahayana de los buddhistas del norte son las únicas correctas; ya que el sistema Mahayana hace aun más hincapié que el Hinayana en el automejoramiento y el continuo retiro del mundo por parte del bhikshu, hasta que haya alcanzado la perfección de un Buddha. Es cierto, según el sistema Mahayana: no todo Arhat ha alcanzado la perfección más elevada, por lo tanto hace la siguiente distinción entre: Cravanas, Pratyekabuddhas y Bodhisattvas. Sólo estos últimos son considerados los verdaderos hijos espirituales de Buddha, convirtiéndose ellos mismos en Buddhas en su vida futura final; ya que han tomado conciencia plena del estado más elevado de arrobamiento, el estado Bodhi que antecede al Nirvana.

Hasta que un bhikshu o arhat haya adelantado, suficientemente, en perfección y en sabiduría, "jugar" al Buddha y erguirse y mostrarse como ejemplo o como maestro al mundo podrá, no sólo descarriarlo completamente del sendero; sino también incomodar a quienes son verdaderamente calificados para este trabajo y que son adecuados para servir como ejemplos ideales para los demás. Ninguno de nosotros es un Buddha y ni siquiera sé quien, entre nosotros, pudiera ser un Bodhisattva. No puede serlo cualquiera, ni el Buddha esperaba que todos se convirtieran en Bodhisattvas, como lo expresa clara y repetidamente el Saddharma Pundarika, la obra Mahayana principal.31 Sin embargo, admitiendo, en gracia al argumento, que de alguna manera fuéramos aptos para servir como sabios ejemplares para el "mundo" y mejorar a la "humanidad" ¿qué podríamos o deberíamos hacer?

Ciertamente, podemos no tener nada que ver con la humanidad en el sentido del "mundo," ningún nexo con los asuntos mundanos y su mejoramiento. ¿Qué más deberíamos hacer, que ser "profundamente indiferentes" a ellos y "huir y abandonarlos"? ¿Este ejército del cual desertamos, no es quizá esa "humanidad" que el Dhammapada justamente define: "los tontos"? ¿Acaso no es esa "vida mundana" la que nuestro Señor nos enseñó a abandonar? ¿Hacia qué más deberíamos dirigir nuestros esfuerzos sino en el tomar "refugio contra la reencarnación," refugio con el Buddha, su dharma y su sangha?32

Además: pensamos que el Buddha tenía también razón en este aspecto, como en cualquier otro, aun cuando uno lo considere desde el punto de vista científico, histórico o psicológico y no del bhikshu (discípulo). ¿Qué mejoramiento real y esencial es posible aportar al "mundo"? Quizá si resolviéramos los problemas sociales, podríamos llegar a un estado en que cada ser humano individual recibiría un cuidado suficiente para que le permitiera dedicar más tiempo libre a su mejoramiento espiritual, si así quisiese. Mas en el caso de que no quisiera, la mejor organización social no lo inducirá ni lo ayudará a hacerlo. Mi experiencia deja constancia de lo contrario. El ser humano más desarrollado espiritualmente o mejor dicho, místicamente, que conozco, es un pobre tejedor ordinario y además tuberculoso que, recientemente, trabajaba para una fábrica de algodón, donde sus dueños lo trataban como un perro, así como acontece con la mayoría de los trabajadores. A pesar de todo, dicho hombre se encuentra, en su vida interior, muy independiente de su miseria diaria. Su paz y su satisfacción celestiales o mejor dicho: divinas, son su refugio en cada instante y nadie puede robárselas. El no le teme a la muerte, al hambre, al dolor, a las necesidades, a la injusticia ni a la crueldad.33

Usted admitirá, supongo, que el Karma no es el fruto de causas externas; sino de cada individuo por sí solo. Cualquier persona que se ha hecho idónea y digna para una buena oportunidad, seguramente la encontrará; al mismo tiempo, si ponemos un individuo completamente indigno en las mejores circunstancias, él no se valdrá de ellas apropiadamente, mas le servirán para que lo rebajen en el fango que es su placer.

Quizá usted conteste que es, sin embargo, nuestro deber crear tantas buenas oportunidades posibles para la humanidad en general, para que todos los que lo merezcan, puedan encontrarlas pronto. Esto es justo. Asentimos en pleno y, seguramente, estamos haciendo lo mejor en esta vertiente. ¿Eso mejorará el bienestar espiritual de la "humanidad"? Jamás, y, a nuestro juicio, ni en lo más mínimo. La humanidad, como todo, seguirá siendo, relativamente, el mismo conjunto de "tontos" que siempre ha sido. Supongamos que tuvimos éxito en establecer una organización ideal humana: ¿acaso usted piensa que esto contribuiría a hacer de dichos "locos," unas personas más sabias o más satisfechas y contentas?34 Es cierto que no; inventarán nuevas necesidades, pretensiones y reivindicaciones; el "mundo" seguirá siempre anhelando sólo la "perfección mundana." Nuestra organización social actual ha mejorado mucho con respecto a la medieval; ¿aun, nuestro presente es más feliz y menos insatisfecho que nuestros antepasados en los tiempos de los Nibelungos o del rey Arturo? Pienso que, si hubo algún cambio en la satisfacción, ha sido un empeoramiento; nuestro presente es más codicioso y menos contento que cualquier edad anterior. A quienquiera que espere mejorarse personalmente, perfeccionando el mundo en algún medio y causa externa, le depara una decepción muy amarga; feliz aquel que le llegue tal experiencia antes de que su vida termine.

Un filósofo moderno, muy perspicaz, ha inventado la teoría según la cual: el mejor plan para liberarse de la miseria del "mundo" sería entregarnos a él lo mejor posible, para acelerar este proceso maligno hasta su fin. ¡Esperanza vana! Avidya no tiene inicio ni fin. Un universo empieza y termina, sin embargo, otros le sucederán; así como un día culmina en el siguiente. Y como ha habido una serie infinita de mundos anteriormente, habrá una serie infinita después. La causalidad nunca pudo tener un principio, ni podrá tener un fin. Todo mundo que existirá será siempre un "mundo," esto es: dolor y "mal."35

Por lo tanto: la liberación, la redención o la salvación (del mundo), así como el Karma, no pueden ser más que "personales" o mejor dicho: "individuales." Obviamente, el mundo jamás podrá liberarse de sí mismo: del "mundo," del dolor y del mal. Por lo tanto, nadie puede liberar a otro del mundo. ¡Estoy seguro que usted no enseña una expiación mediante un tercero! ¿O puede alguien salvar a su prójimo? ¿Puede una manzana hacer madurar a otra simplemente por colgar juntas?36

Ahora bien: ¿qué más podemos hacer sino vivir la "vida feliz" de los bhikshus, sin necesidades, pretensiones ni deseos? Y si su buen ejemplo llama o atrae otros que buscan la misma felicidad, entonces, trataremos de enseñarles como mejor podemos. ¡Pero esta es otra cuestión que nos deja perplejos! No sólo no estamos preparados para enseñar, sino que, aun cuando lo estuviéramos, es menester tener las personas adecuadas para aleccionarlas, personas que, no sólo están dispuestas, sino que están listas para escucharnos.37

No obstante todas estas dificultades y muy conscientes de nuestra incompetencia, ahora nos atrevemos a publicar libros y revistas en los cuales se trata de explicar la religión filosófica inda como mejor podemos entenderla; de manera que, quienquiera que tenga ojos pueda leerla y oídos oírla, si su buen Karma ha llegado a la maduración. ¿Qué más se espera de nosotros, agnams?38 ¿Acaso no somos culpables por emprender tal trabajo, para el cual nosotros, no siendo Buddhas, ni siquiera Bodhisattvas, no tenemos la pericia adecuada? Sería como si un recluta sirviese de general en el campo de batalla. ¿Si usted no puede encontrar falla en nosotros, puede decir que estos "yoguis" o "santos," que en su pasaje anterior usted parece culpar, estaban en una posición mejor y podrían haber hecho más? Si así fuese, ¿qué deberían haber hecho?

Estamos completamente conscientes de que un verdadero buddhista y un sabio o, si prefiere, un teósofo, deben ser totalmente altruistas y cuando actuamos con altruismo, quizá no sea una señal negativa, como preludio a lo que un día nos convertiremos; pero toda cosa a su tiempo propicio. Donde la competencia no adelanta paralela con el altruismo, en su desarrollo y manifestación, podría ser más negativa que positiva. Por lo tanto, no nos sentimos muy seguros de que nuestra conciencia no debiera culparnos por nuestro trabajo bien intencionado, sin embargo atrevido. La única excusa que podemos encontrar para responder a los impulsos de nuestro corazón es que estas personas que realmente podrían tener las cualidades apropiadas, ¡no dan la cara, no nos ayudan y no hacen este trabajo evidentemente necesario!39

Con Respeto
Hübbe Schleiden

Neuhausen, Munich, 1 de Junio de 1889.


Notas

26 La editora del Lucifer y de la Revista Teosófica reconoce haber omitido el adjetivo "esotérica, " después de la expresión: "la sabiduría oriental."
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27 Los discípulos occidentales y los seguidores de la ética del Señor Buddha, no dan mucha importancia a las traducciones literales (a menudo fantasiosas) de los Sutras buddhistas, hechas por los orientalistas europeos. Hasta la fecha, ningún estudioso de sánscrito o de pali ha entendido eso que el Buddhismo enseña: a partir de eruditos como Max Müller y Weber, hasta el último neófito orientalista que se interesa superficialmente en el buddhismo, desfigurado por la traducción, vanagloriándose de su conocimiento. Deja constancia de esto la suposición errónea de Monier Williams, según el cual Buddha: jamás enseñó nada de esotérico. Por lo tanto: no se sustraen a lo antes dicho ni el Dhammapada ni el Sutta Nipata; que para nosotros ni constituyen una prueba, en su texto ahora mutilado y mal comprendido. Nagarjuna prescribió la siguiente regla: "cada Buddha tenía una doctrina revelada y mística." La "exotérica es para la multitud y los nuevos discípulos," a los cuales nuestro corresponsal, evidentemente, pertenece. Esta verdad tan clara la comprendió hasta un erudito con muchos prejuicios como el Reverendo J. Edkins, quien transcurrió casi toda su vida en China estudiando Buddhismo y en el capítulo tercero de su obra: El Buddhismo Chino, escribe: "La doctrina esotérica era para los Bodhisattvas y los discípulos adelantados como Kashiapa. No se comunica en la forma de un idioma definido y, por lo tanto, Ananda no pudo transmitirla como una doctrina precisa en los Sutras. Sin embargo, podemos decir que estos las contienen virtualmente. Por ejemplo: "El Sutra del Loto de la Buena Ley," que se considera como la flor y nata de la doctrina revelada, debe estimarse como una especie de documento original de la enseñanza esotérica, aunque su forma sea exotérica. [La editora del Lucifer puso la forma bastardilla.] Además: percibimos que nuestro docto corresponsal ha mal entendido, por completo, la idea fundamental de lo que escribimos en nuestro editorial de Mayo: "El faro Del Ignoto," en la Revista Teosófica. Nosotros discrepamos con su interpretación y a lo largo del artículo mostraremos sus errores.
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28 Un error exotérico frecuente. Un ser humano puede alcanzar el Nirvana durante la vida y, después de su muerte, en el Manvantara o ciclo de vida al cual pertenece. Paranirvana ("más allá" del Nirvana), es asequible sólo cuando el Manvantara ha terminado y durante la "noche" del Universo o Pralaya. Esta es la enseñanza esotérica.
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29 Así es y ésta es la enseñanza teosófica.
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30 Es cierto; pero: a fin de vivir "como él vivió," uno debe permanecer como un asceta entre las multitudes o el mundo por 45 años. Entonces, el argumento refuta, directamente, la idea principal de nuestro corresponsal. Eso, acerca del cual objetamos en nuestro artículo criticado, no era la vida ascética: la vida de uno enteramente divorciado, moral y mentalmente, del mundo, del maya en constante cambio con sus placeres engañosos; sino la vida de un ermitaño, inútil a todos y, a la larga, hasta a él mismo; siendo enteramente egoísta. Creemos entender correctamente a nuestro crítico erudito, cuando decimos que el punto de su carta se vale de la enseñanza y de la práctica del Señor Gautama Buddha para apoyar el retiro y el aislamiento del mundo, yuxtapuesto a una conducta contraria. Aquí es donde él yerra, abriéndose a una crítica más severa y más justa de la que podría endilgarnos.

El Señor Gautama jamás fue un ermitaño, excepto durante los primeros seis años de su vida ascética, el tiempo que tardó para entrar, plenamente, "en el Sendero." En el Relato Suplementario de las Tres Religiones (San-kiea-yi-su), se lee que en el séptimo año de sus ejercicios de abstinencias y de meditación solitaria, Buddha pensó: "Me convendría comer; si no los herejes dirán que el Nirvana es alcanzable desnutriendo el cuerpo." Así, comió; se sentó para su transformación durante seis diías más y, en el séptimo día del segundo mes, obtuvo su primer Samadhi. Entonces, al haber "alcanzado la visión perfecta de la verdad suprema," se levantó dirigiéndose a Benares donde dio sus primeros discursos. Desde aquel momento en adelante, durante casi medio siglo, se quedó en el mundo, enseñando la salvación del mundo. Sus primeros discípulos eran, casi todos, Upasakas (hermanos legos), a los novatos se les permitía conservar sus posiciones en la vida social y ni siquiera se les exigía que se unieran a la comunidad monástica. Aquellos que se dedicaban a ésta, el Maestro generalmente los inducía a viajar y a hacer prosélitos, instruyendo, a todos los que encontraban, sobre la doctrina de los cuatro sufrimientos.
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31 Nuestro corresponsal está demasiado versado en los Sutras buddhistas para que desconozca la existencia del sistema esotérico enseñado, precisamente, en el Yogacharya o las escuelas contemplativas Mahayana. Este sistema llama Egoísmo a la vida de ermitaño o de yogui, oponiéndose fuertemente a ella, excepto por unos años de enseñanza preliminar. El Buddha, por ejemplo, en estas maravillosas páginas del quinto libro de La Luz de Asia, arguye y vapulea a los yoguis que se torturan y el Señor, "mirándolos tristemente," les pregunta: "¿Por qué ustedes añaden dolor a su vida, que ya es tan mala? Cuando le contestaron que se infligían breves agonías para alcanzar la mayor felicidad del Nirvana, ¿qué les dice él?: "Sin embargo, aunque duraran una miríada de años, a la larga desaparecerán. Ustedes hablan de este goce, ¿acaso sus Dioses duran eternamente, hermanos?" "No," contestaron los yoguis, "sólo el gran Brahm dura, los Dioses sólo viven."

Ahora bien, si nuestro corresponsal comprendió, como debería haberlo hecho, estas líneas vertidas en versos libres, aunque sean una copia textual de los Sutras, tendría una idea de la enseñanza esotérica mejor de la que tiene ahora y, al entenderla, no se opondría a lo que dijimos; ya que el Mahayana (el verdadero sistema esotérico y no las traducciones mutiladas que él lee) no sólo condena la tortura personal, el interés egoísta y la vida en la jungla simplemente para la salvación personal; sino que predica la renunciación del Nirvana para el bien de la humanidad. Una de sus leyes fundamentales es que la moralidad ordinaria no es suficiente para salvarlo a uno del renacimiento; hay que practicar las seis Paramitas o virtudes cardinales:

  1. Caridad,
  2. Castidad,
  3. Paciencia,
  4. Industria,
  5. Meditación,
  6. Sinceridad (un corazón abierto).

¿Cómo puede un ermitaño practicar la caridad o la industria si huye de la humanidad? Los Bodhisattvas quienes, habiendo cumplido con todas las condiciones del Buddhado, tienen el derecho de entrar al Nirvana y prefieren renunciar a este estado de beatitud inducidos por una piedad sin límite para el mundo que yace en la ignorancia y sufre, se convierten en Nirmanakayas. Toman la vestidura Sambhogakaya (el cuerpo invisible) a fin de servir a la humanidad, es decir: viven una vida senciente después de la muerte y sufren mucho al ver las miserias humanas (que no tienen la libertad de aliviar; ya que son, en la mayoría de los casos, Kármicas). Sufren para tener una oportunidad de inspirar a unos pocos con el deseo de aprender la verdad para entonces salvarse. (Por lo general, todo lo que Schlagintweit y otros han escrito sobre el cuerpo Nirmanakaya es erróneo). Este es el verdadero sentido de la enseñanza Mahayana. El discípulo de la escuela Mahayana, en su discurso a los "Buddhas (o Bodhisattvas) de la confesión, dice, entre otras cosas, refiriéndose a esta enseñanza secreta: "Creo que no todos los Buddhas entran al Nirvana."
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32 La citación con que nuestro corresponsal abre su carta, no tiene el sentido que él le da. Ninguna persona que conozca el espíritu de las metáforas usadas en la filosofía buddhista la interpretaría como Hübbe Schleiden. El consejo dado al ser humano de caminar: "como un rey que ha dejado atrás su país conquistado," implica que: quien ha conquistado sus pasiones y para el cual el maya mundano ya no existe, no debe perder su tiempo tratando de convertir a aquellos que no creerán en él, sino que es mejor dejarlos a su propio Karma; pero ciertamente esto no significa que son intelectualmente deficientes; ni siquiera implica que los discípulos deberían dejar el mundo. "Nuestro Señor" nos enseñó, como lo hizo "el Señor Jesús," el "Señor Krishna" y otros "Señores"; todos "Hijos de Dios," abandonar la vida "mundana," no a los seres humanos y aun menos a la Humanidad ignorante que sufre. Seguramente, el Señor Gautama Buddha, menos que los Señores mencionados, hubiera enseñado la doctrina monstruosa y egoísta de permanecer "profundamente indiferentes" a los sufrimientos y a las miserias de la humanidad o abandonar a quienes gritan diariamente y en cada hora, que nosotros, quienes somos más afortunados que ellos, los ayudemos. ¡Este es un sistema de vida profundamente egoísta y cruel por quienquiera que lo adopte! No es buddhista, cristiano ni teosófico; sino la pesadilla de una doctrina de las peores escuelas de Pesimismo, que, probablemente, hasta Schopenhauer y Von Hartmann desaprobarían.

Nuestro crítico ve, en el "ejército" de la Humanidad, estos "insensatos" a quienes el Dhammapada hace referencia. Nos duele darnos cuenta que él se ofenda por sí solo, pues, suponemos que, aun pertenece a la Humanidad, le guste o no. Si nos dijera, en la exuberancia de su modestia, que está dispuesto a ser incluido en esta categoría lisonjera, entonces le contestaremos que ningún verdadero buddhista debería, según los preceptos del Dhammapada, aceptar ser su "compañero." Esto no le depara un futuro muy brillante con el "Buddha, su dharma y su Sangha." Llamar a toda la Humanidad "tontos" es una cosa riesgosa; tildar con tal epíteto a la porción de la Humanidad que gime y sufre bajo la carga de su Karma nacional e individual y, valiéndose de este pretexto, negarle ayuda y simpatía, es simplemente revulsivo. Aquél que no dice, repitiendo las palabras del Maestro, que: "sólo la misericordia abre la puerta para salvar la raza humana completa," no es digno de tal Maestro.
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33 Aún, este hombre vive en el mundo y con el mundo, cuyo hecho no le impide su "estado de Buddha" interno; ni siquiera se le llamará, jamás, un "desertor" ni un cobarde, epítetos que se merecería si hubiese abandonado a su mujer y a su familia a fin de trabajar por su "querido" ser personal, descuidando sus deberes familiares.
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34 Este no es asunto nuestro, sino el de su respectivo Karma. Entonces, basándonos en este principio, ¿deberíamos negar, a todo menesteroso, un trozo de pan porque, en verdad, tendrá hambre mañana?
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35 ¿Acaso el lema de nuestro corresponsal es: sálvese quien pueda? Si el "Honrado por todos, el más Sabio, el más Misericordioso, el Maestro del Nirvana y de la Ley," hubiese enseñado el principio despiadado: después de mí, el diluvio, no creo que el erudito editor de la revista Esfinge se hubiera convertido al Buddhismo. Es cierto que su buddhismo no parece ser mejor, que la cáscara exotérica mustia y semi resquebrajada de fabricación europea, de ese gran fruto de misericordia altruista y compasión para todo lo que vive—el verdadero buddhismo oriental y especialmente sus doctrinas esotéricas.
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36 No; sin embargo la manzana puede obstruir los rayos solares rumbo a su vecina, privándola de lo que le corresponde de luz y calor, impidiéndole madurar o, de otra manera, puede compartir con ella los peligros de los gusanos y de la mano del golfillo, mediando el peligro. En lo referente al Karma, ésta es, nuevamente, una idea errónea. Además del Karma personal o individual, existe lo que se define como nacional. Sin embargo nuestro corresponsal parece jamás haber oído hablar de esto o, nuevamente, lo ha mal comprendido a su manera.
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37 Haz lo que se debe hacer, pase lo que pase. ¿Cuándo, el Señor Buddha, hizo una selección preliminar entre su público? Según la alegoría y la historia, ¿acaso no predicó y convirtió tanto a los demonios como a los dioses, a los malos y a los buenos? El doctor Hübbe Schleiden parece más católico que el Papa, más relamido que un alma de casa inglesa a la antigua y seguramente más delicado que el Buddha. Es cierto que no enseñamos la "expiación mediante un tercero." Sin embargo es más seguro (y más modesto, de todos modos), evaluar más a nuestro prójimo y compañero, que considerar a cada ser humano como fango por debajo de los zapatos. Si soy un vesánico, ésta no es una razón por la cual debería estimar que todos lo son. Dejamos a nuestro crítico la difícil tarea de discernir quién está y quién no está preparado para escucharnos y, en la ausencia de una prueba positiva, preferimos postular que todo ser humano tiene una cuerda que reverbera en su naturaleza, que vibrará y responderá a las palabras bondadosas y verídicas.
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38 Esperamos que usted no considere a todos como un "agnam," si con esta palabra se refiere a un "ignorante." A fin de ayudar al mundo a liberarse de la maldición de Avidya (ignorancia), debemos aprender de quienes saben más que nosotros, enseñando, luego, a quienes saben menos. Este es, exactamente, el objetivo que nos proponemos al diseminar la literatura teosófica, tratando de explicar: "la filosofía-religiosa de la India."
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39 Esta es una expresión apocalíptica. Sin embargo la entiendo vagamente. Quienes tienen "las cualidades adecuadas no dan la cara, no nos ayudan y no hacen este trabajo evidentemente necesario." ¿De verdad no lo hacen? ¿Cómo puede saberlo nuestro corresponsal pesimista? "Pienso" y "supongo" que estos seres con las cualidades apropiadas hagan, en efecto, el trabajo y más; ya que si la Sociedad Teosófica y sus miembros hubieran sido dejados a su destino y al Karma, hoy no quedaría mucho, debido a las incesantes persecuciones, las calumnias, los escándalos intencionalmente orquestados y el odio maligno de nuestros enemigos declarados y secretos.

—H. P. Blavatsky


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