Capítulo 8:

El Tantra Kalachakra


El descubrimiento reciente de que Las Estancias de Dzyan han sido tomadas por lo menos en parte del Tantra Kalachakra (o quizás viceversa) provee grandes posibilidades para mostrar que la esencia de La Doctrina Secreta se puede expresar con mayor fidelidad al decir que es la transformación humana. Después de todo, la transformación se reconoce universalmente como la esencia de toda la literatura tántrica, y el linaje de Kalachakra similarmente se reconoce, tanto en la India como en Tibet, como la más elevada fuente, así como la más esotérica de todas las enseñanzas.1

Investigaciones realizadas por el profesor Yagannaz Upadjiaya de la Universidad Sánscrita de Benares, por H.J. Spierenburg de los Países Bajos, y por David Reigle en Estados Unidos, proveen enfática evidencia de que la verdadera enseñanza de la teosofía es idéntica a la llamada "Enseñanza de Shambhala," lo cual es otro nombre que se ha dado a la enseñanza del linaje de Kalachakra.2

Conectar las Estancias y el Kalachakra Tantra es una piedra miliaria en nuestra comprensión de la verdadera enseñanza de los maestros de HPB. Dado que la esencia de la enseñanza de Kalachakra es la transformación, esto implica que la esencia de la teosofía es lo que toma lugar en el proceso mismo de la transformación. No es probable entonces que el corazón de la teosofía sea una mera serie de "enseñanzas" conceptuales sobre las que cualquiera pueda hablar o escribir con más o menos lucidez. En lugar de ello, sería el acto mismo de una percepción transformada, sin el lastre implícito en el tipo de pretenciones provenientes de la mente condicionada. En el budismo, la más elevada enseñanza se dio a través del majayana y el vashrayana. En ambas escuelas, las enseñanzas iniciales del Buda dan la impresión de haber sido descartadas radicalmente. Se debería tomar en cuenta que Nagáryuna, a quien se considera la fuente principal de estos linajes, ha sido reconocido universalmente como el que dio originalmente la "Enseñanza de Shambhala".

La razón por la cual hay en Nagáryuna la apariencia de haber descartado el noble óctuple sendero, conjuntamente con muchas de las otras enseñanzas fundamentales del budismo, es quizás que éstas se habían tornado en un mero vehículo para la mente condicionada, en lugar de ser un elemento para la liberación genuina. El momento en que se crea una idea fija sobre cualquier verdad, cesa de ser la verdad, y comienza a ser un elemento de la mente condicionada --y es una de las razones del peligro implícito en hacer exposiciones metafísicas sin el beneficio de la clave psicológica. Esa es quizás una razón por la cual en las raíces del majayana y del vashrayana se consideraba indispensable descartar la aceptación de todo tipo de enseñanzas fijas. Esta podría entonces también ser una razón por la cual la verdadera teosofía no puede ser una serie de enseñanzas fijas, por muy sublimes que a veces estas suenen.

La enseñanza de Shambhala

Dichas enseñanzas pertenecen siempre al mundo de la mente condicionada, y no es probable que conduzcan a la vida de la transformación, excepto hasta donde ocasionen frustración, y abandono subsecuente por aquellos que son genuinamente serios. De hecho, la enseñanza de Shambhala (como se expresa, por ejemplo, en la primera estancia citada anteriormente) parece sugerir muy claramente que la vida de la transformación no comienza hasta el punto en que cesan de ser todas las ideas, creencias, y apegos a diversas filosofías. La transformación implica que la mente condicionada ya no existe, y que algo diferente ha tomado su lugar. Es sólo en tal estado que la verdadera teosofía comienza.

Cuando la transformación está tomando lugar, según Nagáryuna y por lo tanto según la enseñanza de Shambhala, entonces no es necesario creer o descreer en nada. Las creencias en la reencarnación, el karma, la unidad de la vida, el sendero espiritual, o cualquieras otras, son totalmente dispensables en el contexto de la vida de transformación. Lo que tome lugar en tal contexto de total negación de la mente condicionada es sagrado (tomando ese término de Krishnamurti) y es su propia fuente; no requiere justificación de ningún libro o enseñanza. Su expresión normal sería una compenetración total con lo que esté tomando lugar, y por lo tanto, personalidades que sean testigos de la misma la describirían como compasión, sabiduría, comprensión, afecto. Como lo expresó Krishnamurti,

La meditación no es una búsqueda; no es una investigación, una exploración. Es una explosión y un descubrimiento. No es el acto de domesticar el cerebro para que actúe a conformidad, ni es un análisis introspectivo, definitivamente no es el adiestramiento en concentración que incluye, escoge, y niega. Es algo que ocurre naturalmente, cuando todas las aserciones y logros positivos y negativos se han comprendido, y se descartan con facilidad. Es la vacuidad total del cerebro. Lo que es esencial es esa vacuidad, no lo que está en la vacuidad, se puede percibir solamente desde la perspectiva de ese vacío; toda la virtud, la moralidad, y el respeto, proceden de esa fuente. Es de ese vacío que procede el amor, de otra forma no es amor. La base de lo justo está en ese vacío. Es el fin y el comienzo de todas las cosas.3

Krishnamurti y Nagáryuna

En efecto, algunos budistas han percibido la conexión que existe entre Krishnamurti y Nagáryuna. Refiriéndose al pándita Yagannaz Upadjiaya, Pupul Jayakar dice en su biografía de Krishnamurti que

Al comienzo de la década de 1950, cuando los pánditas de Varanasi (Benares) oyeron por primera vez a Krishnashi (Krishnamurti), los budistas sostenían que Krishnashi hablaba budismo, y los vedantinos que estaba en la corriente de la Vedanta. Subsecuentemente, Upadjiayashi consideró que Krishnashi esta más bien en la corriente de Nagáryuna. Más tarde, percibió que lo que Krishnashi decía era lo que Nagáryuna habría dicho si hubiese estado vivo en el presente. Era relevante para el momento contemporáneo.4

Si se toma en cuenta que Nagáryuna es considerado universalmente como una de las más geniales mentes filosóficas de todos los tiempos en el mundo entero, esa es una declaración extraordinaria.

Es una gran tentación para una mente condicionada, al confrontarse con una manifestación de la vida de transformación --como evidentemente lo fue la de Krishnamurti-- el crear un nuevo mundo de ideas para explicar esa vida. Sin embargo, en primer lugar las descripciones de la mente condicionada (todas las descripciones pertenecen a la mente condicionada, debido a que se expresan en su lenguaje), no son lo que pretenden describir; nunca pueden decir lo que uno quisiera que pudiesen decir. Y en segundo lugar, aún cuando la descripción es inspiradora en algún nivel, nunca es de por sí la vida de transformación y por lo tanto no viene al caso. Lo único que importa es la vida de transformación y según parece, todas las "enseñanzas" no son sino más paja para el molino de la mente condicionada, por muy bellas o profundas que suenen. Esa es la primera lección que uno tiene que aprender en la enseñanza de Shambhala, según lo sugiere toda la evidencia a nuestra disposición.

KH y la transformación

Un problema formidable ante nosotros es lo tremendamente difícil que es el ver verdaderamente esta primera lección, dado que, en ese punto, uno no puede recibir en dicha lección ayuda alguna de ninguna escritura, gurú, o tradición. Uno está completamente a solas, sin poder rezar en nada. Como lo expresó uno de los maestros de HPB, el maestro KH,

El hecho es que, hasta la última y suprema iniciación, todos los chelas --y hasta algunos adeptos-- están completamente por cuenta propia. Todos tenemos que librar nuestras propias batallas, y el conocido adagio -- "el adepto se hace, no se crea" es cierto hasta la última letra.5

La eliminación de los apegos de la mente condicionada (incluyendo todas las enseñanzas y prácticas que la propia mente condicionada haya llegado a identificar con la vida espiritual), evidentemente crearía un tremendo vacío en la vida diaria. Ese vacío es tan profundamente incómodo, que hay invariablemente una gran tentación de llenarlo con nuevos conceptos. Es muy tentador, por ejemplo, crear un nuevo mundo de ideas, a base de la noción de que hay que abandonar todas las ideas.

Quedarse sin concepto alguno en el cual depender se siente tan "mal" desde el punto de vista de la vida conceptual de la mente condicionada, que fácilmente toma por sentado que en realidad debe haber algo erróneo relacionado a la muerte de todos sus más preciados apegos. Pero mientras uno continúe actuando en términos de una fórmula, por muy astuta, elaborada o sutil que sea, es la mente condicionada, el yo, quien está a cargo. Uno podría querer hallar algún alivio en tener una fórmula preparada sobre como será la vida cuando la mente condicionada ya no sea. De hecho, sin embargo, no es posible predeterminar cómo tomará lugar la transformación debido a que, como subrayó el maestro KH, siempre es original, única.

Es este sentido de desorientación e incomodidad que experimenta naturalmente la mente condicionada, que hizo que los vislumbres y observaciones de Krishnamurti fuesen tan difíciles de aceptar por teósofos-- que estuvieron en contacto con él durante su larga vida. Esta incomodidad nos hace recordar sobremanera de los recuentos sobre el discipulado y la probación de los que se hablaba continuamente en los primeros años de la historia de la Sociedad Teosófica, particularmente en las cartas de los maestros.



Notas

1 Véase Edwin Bernbaum, The Way to Shambhala, Garden City: Anchor Books, 1980; véase también Chogyam Trungpa, Shambhala. The Sacred Path of the Warrior, New York: Bantam Books, 1986.

2 Véase David Reigle, The Books of Kiu-Te or The Tibetan Buddhist Tantras. A Preliminary Analysis, San Diego: Wizards Bookshelf, 1983; véase también su estudio "New Light on the Book of Dzyan," en Symposium on H.P. Blavatsky's Secret Doctrine. Proceedings, San Diego: Wizards Bookshelf, 1984; véase también H.J. Spierenburg, The Buddhism of H.P. Blavatsky, San Diego: Point Loma Publications, 1991.

3 Krishnamurti, Notebook, op. cit., pp. 68-69.

4 Pupul Jayakar, Krishnamurti, A Biography, New York: Harper & Row, 1986, p. 434.

5 Humphreys and Benjamin, editores., Mahatma Letters, p. 305.


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