Capítulo 2:

Teosofía Victoriana


Uno de los más respetados comentarios de La Doctrina Secreta entre los teósofos es The Divine Plan (El Plan Divino), de Geoffrey A. Barborka.

Ninguna de las organizaciones teosóficas respaldan oficialmente los escritos de nadie, aún incluyendo los de HPB. Sin embargo, en la práctica, la mayoría de los miembros toman por sentado que hay ciertas enseñanzas (así como ciertas maneras de enfocar su estudio) que son "teosóficas". Aparte de eso, usualmente se toma por sentado que ciertos libros representan correctamente la verdadera enseñanza de HPB y sus maestros. Uno de éstos es el de Barborka. Sin embargo, Barborka caracteriza su supuesta síntesis de La Doctrina Secreta de la siguiente manera:

Al reflexionar sobre lo más recóndito que nuestro pensamiento pueda alcanzar, tomando en cuenta millones y millones de estrellas, y sin encontrar aún límite alguno en las inmensidades del espacio, uno necesariamente se convence de que la ley y el orden prevalecen a través del infinito --que hay en verdad un Plan Divino. Todo es parte de ese Plan: mundos, soles, nébulas, galaxias, universos islas --todos éstos existen gracias a ese Plan Divino, son verdaderamente partes del mismo. Todos los seres en todos los mundos son por igual partes integrales de dicho Plan. El universo existe debido a que representa el desenvolvimiento de un vasto Esquema. Otros universos manifiestan igualmente la operarión del Plan Divino.

El Plan Divino es una manifestación de la LEY Divina. Tal y como el sol emite innumerables rayos que son de la misma esencia que la fuente de la que emanan, asimismo la Ley Divina emite rayos, que son de la misma esencia que su Fuente, por lo tanto, esos rayos son Leyes Divinas. Estas sostienen el Plan Divino.1

Antes de comentar sobre ese pasaje, hay algo que aclarar. Cualquiera que estudie cualquier aspecto de las enseñanzas de la nueva era, o de la filosofía perenne, tiene una deuda con Barborka, dado que él ha proveído un compendio tan accesible de La Doctrina Secreta, desde el punto de vista de la clave metafísica. Por lo tanto, en lo que sigue la intención no es la de apocar en manera alguna el valor del gran servicio que él ha prestado a los estudiantes de estos temas. En lugar de ello, es precisamente debido a que su exposición de La Doctrina Secreta en la clave metafísica ha sido tan bien presentada, que se le ha seleccionado en la presente exploración. En otras palabras, las dificultades que se ponen de relieve en lo que sigue no son problemas que atañen a Barborka solamente. Son más bien problemas típicos de cualquier perspectiva metafísica mediante la cual se intente comprender lo que es.

¿Grandes mentes, Dios pequeño?

La declaración de Barborka da visos de no ser sino una nueva versión del llamado argumento teológico para demostrar la existencia de Dios. Esa manera de pensar es aún popular entre aquellos cristianos --y otros teístas-- quienes desconocen completamente lo que ha ocurrido en la filosofía en los últimos tres siglos. Barborka se expresa como si él tuviese conocimiento personal fidedigno de que "Dios" o "la Divinidad" tiene una mente --como los seres humanos-- y que esa "mente" conceptualiza linearmente, de manera similar a la nuestra, y que tal "mente" es creadora del supuesto "Plan Divino".

Evidentemente, como lo demostraron de diversas maneras Immanuel Kant y sus sucesores, tales perspectivas están intrínsecamente plenas de insuperables dificultades.2 Dichas dificultades se podrían sumarizar (simplificándolas sobremanera, por falta de espacio) de una de dos formas. Desde un punto de vista, implican que la supuesta "mente de Dios" es tan pequeña, que su funcionamiento interno lo puede comprender con considerable perfección una mente humana. Desde otro punto de vista, implican que la mente de este ser humano en particular tiene tal amplitud, que puede comprender a plenitud lo que "Dios" es, y que puede saber con bastante fidelidad lo que esa "Divinidad" está "pensando".

En otras palabras, la metafísica teísta plantea que o bien "Dios" es demasiado pequeño, o la mente del metafísico de marras es enorme. Como quiera que mire, esa forma conceptual de percibir nos está diciendo que, según sus propios planteamientos, "Dios" resulta ser mucho más insignificante de lo que la mayoría de nosotros hubiese creído. Este, claro está, es el resultado opuesto al deseado por los metafísicos. Ellos preferirían pretender que pueden estar en dos lugares a un mismo tiempo, "en misa, y replicando", por así decir, pues su intención es hacernos aceptar que "la mente de Dios" es genuinamente gigantesca.

Es posible que los problemas de los metafísicos deriven en parte de que ellos también desean que aceptemos el mensaje subliminal de que la mente del metafísico es tan astuta, que puede comprender con claridad lo que "Dios" está "pensando", y lo que dicho "Dios" planea hacer en el futuro. Es decir, quizás un importante mensaje subliminal que se espera que aceptemos, sin cuestionarlo, es que lo que es verdaderamente "gigantesco" es la mente del metafísico mismo, dado que se supone que esa persona puede descifrar todo esto para nuestro beneficio. Si esto no es arrogancia intelectual autocentrista, sería difícil determinar qué otra cosa podría serlo.

Teología Teosófica

Dicha interpretación puramente conceptual de la enseñanza de Blavatsky lleva implícita una mucho más grave mala interpretación: Barborka no menciona en ese pasaje --ni en ninguna otra parte de su libro-- la necesidad (según HPB) de que tome lugar una transformación psicológica antes de entrar de lleno en especulaciones de ese tipo. Sin embargo, y extraño que parezca, casi todos los líderes y escritores teosóficos sobre el tema se dedicaron con ahínco a hilvanar --por más de un siglo después de la muerte de HPB-- especulaciones de esa índole, catalogándolas como "Teosofía".*

Lo que Barborka presenta en su libro es en realidad una teología. En otras palabras, es una presentación de conceptos --en el contexto de aceptar, en ausencia del hondo cuestionar interno que toma lugar en una transformación psicológica radical, una serie de principios puramente mentales que se consideran "Teosóficos". Dado que tal ejercicio mental no tiene relación alguna con la transformación humana, no tiene por tanto relación alguna (excepto quizás de una forma muy superficial) con aquello a lo que H.P. Blavatsky y sus maestros se referían al hablar de teosofía.

El modo metafísico de interpretar La Doctrina Secreta se aplicó desde el principio, al mismo tiempo que se excluyó toda otra posibilidad. Es más, en su libro lo que Barborka hace, en cierto sentido, es ofrecer una especie de compendio de estudios sobre La Doctrina Secreta que se habían realizado hasta ese entonces. Esto quiere decir que Barborka no fue en modo alguno el único autor teosófico que interpretase "la Teosofía" como si fuese exclusivamente un sistema de ideas. Por ejemplo, otro muy respetado comentador de La Doctrina Secreta, W.P. Wadia, había dicho unos cuarenta años antes que:

El deseo de convertirnos en ocultistas prácticos, si es puro y genuinamente altruista, conlleva la realización de que el ocultismo práctico no es sino la forma más inferior de la metafísica aplicada.

... Las enseñanzas psíquicas y espirituales no se comprenden más fielmente debido a que no se toma en cuenta su base metafísica. ¿Debemos sorprendernos entonces de que las bases de la ciencia esotérica son metafísicas en esencia, y de que los libros de HPB están repletos de largas y multifacéticas consideraciones de ideas metafísicas? La Doctrina Secreta contiene numerosas referencias metafísicas a universales y particulares, a principios y detalles filosóficos, por la misma razón que éstos surgen en los Vedas y los Upanishads, y en las seis escuelas de la India. Los gnósticos y los neoplatónicos, los pitagóricos, y los esenios antes de ellos, también enseñaron metafísicamente. Todos los intentos que se han hecho por disociar la metafísica de la ciencia, la filosofía de la psicología, han resultado en la degradación de la omnipresente omni-ciencia para crear un dios personal, y en transformar la divinidad del hombre en una bestialidad carnal, y la Religión-Sabiduría en una mera creencia religiosa.3

Teosofía de cabezas

Cuando Wadia dice que "el ocultismo práctico no es sino la forma más inferior de la metafísica aplicada", está afirmando que --desde su perspectiva-- la comprensión intelectual precede a la transformación espiritual, y que es por lo tanto de mayor relevancia. Esto es precisamente lo opuesto a lo que habían dicho HPB y sus maestros, de que primero tiene que haber una transformación interna, antes de que pueda haber estudio alguno digno del nombre de "teosófico". Después de todo, el querido lector recordará que dicha transformación puede tomar lugar, según HPB en el pasaje citado anteriormente, aún si uno tiene sólo "una capacidad intelectual promedio".

Aunque es cierto, como dice Wadia, que HPB hace muchas referencias a enseñanzas metafísicas y filosóficas, también es cierto que ella hace muchísimas otras referencias a otros tipos de enseñanzas no metafísicas, y hasta antimetafísicas, como se explora en lo que sigue. El enfoque exclusivamente metafísico del estudio de La Doctrina Secreta, sin embargo, arrasa completamente esa montaña de genuina enseñanza esotérica, en aras de excluir cualquier cosa que no sea conceptual e intelectual. En el proceso de excluir de esa forma la mayor parte de la enseñanza de HPB, el enfoque metafísico también bota a la basura la clave psicológica para el estudio de la doctrina secreta. Sin embargo, según HPB y sus maestros, sin la clave psicológica --sin transformación-- cualquier estudio que realice una persona es exotérico. Es externo a la doctrina secreta.

Otro elemento presente en la declaración de Wadia --y que forma parte de la mayoría de las exposiciones metafísicas de cualquier tipo que sean-- es un prurito por la arrogancia, por creerse que debido a que uno tiene una idea "clara" sobre la forma en que está organizado el universo (según la teoría que uno abrace), por lo tanto uno se encuentra en una posición superior y quizás hasta trascendente, en relación a otros seres humanos. Esto también es típico del modo de pensar y de comportarse victorianos, como lo han señalado a menudo estudiantes de ese curioso y pintoresco período histórico. Como señaló Ralph Noyes,

Entre nosotros y el mundo a nuestro alrededor existe un rejuego que es mucho más complejo de lo que creíamos en el pasado.

En los días en que florecieron los grandes antropólogos victorianos --J.G. Frazer, en El Cepo Dorado, fue su tardío y último ejemplar-- el tráfico se percibía como si se moviese en una sola dirección. Salvajes ignorantes, deslumbrados por las grandes fuerzas de la Naturaleza que ellos no podían controlar ni comprender, se habían refugiado (al menos, según nuestras percepciones en ese entonces) en la superstición tonta y en la magia infructuosa. Encopetados caballeros del nuevo día --quienes contaban, "naturalmente", con un aceptable rango social y un conocimiento considerado adecuado-- se podrían dar el lujo de mostrar un poco de lo que ellos consideraban simpatía magnánima con respecto a lo que se veían como fantasías primitivas de esa ralea. La tecnología había conquistado mucho; la ciencia se aproximaba a su comprensión absoluta de las fuerzas amentes que nos rodean; nuestra especie había casi triunfado. No mucho antes, Lord Kelvin había instado con alarma a que se redujera considerablemente el número de estudiantes de física en la Universidad Imperial de Londres, a base de que ya no quedaba mucho más que hacer, aparte de atar unos cuantos cabos, para lograr un conocimiento absoluto.4

Esa presunción absoluta y confiada certidumbre son típicas no sólo de la sociedad victoriana: los creyentes en sistemas metafísicos --tales como los que creen en la Teosofía victoriana-- comparten con la sociedad europea del s. 19 su sentido de certidumbre absoluta sobre lo que se percibe como la elegancia lógica del sistema en cuestión.



Notas

* El sistema metafísico y conceptual llamado "Teosofía" lo escribimos con mayúscula en este estudio, como se ha hecho en la mayoría de las traducciones al español de obras teosóficas. El proceso de transformación psicológica, que es en lo que consiste la verdadera teosofía, lo escribimos con minúscula, "teosofía", dado que no es un sistema conceptual.

1 Geoffrey A. Barborka, The Divine Plan, Adyar: Theosophical Publishing House, 1964, p. 1.

2 Véase Immanuel Kant, Critique of Pure Reason, traducido al inglés por Norman Kemp Smith, New York: St. Martin's, 1965 [1781].

3 W.P. Wadia, Studies in the Secret Doctrine, Bombay: Theosophy Company, 1961 [1922-1925], vol. 1, p. 75.

4 Ralph Noyes, editor, The Crop Circle Enigma. Grounding the phenomenon in science, culture and metaphysics, fotos por Busty Taylor, Bath, U.K.: Gateway, 1991 [1990], p. 34.


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