Capítulo 1:

La Doctrina Secreta


La Doctrina Secreta de H.P. Blavatsky ha sido alabada universalmente porque provee la base para todas las enseñanzas seminales de la nueva era. Desde Gurdjieff hasta Ramtha, desde Alan Watts hasta David Spangler, desde Sigmund Freud y Carl Jung hasta Wassily Kandinsky y sus muchos sucesores, desde Alice Bailey hasta Edgar Mitchell, desde Manly Palmer Hall hasta William Irwin Thompson, desde Rudolf Steiner hasta John White, desde Edgar Cayce hasta Ken Wilber, investigaciones cuidadosas han mostrado que el enfoque de la filosofía perenne que presenta La Doctrina Secreta provee el andamio para la obra de dichos reconocidos líderes de la nueva era, y a menudo para sus tesis principales.1

De similar origen es el apasionado y universal interés en muy diversas prácticas y enseñanzas de interés general. Ejemplos de ello lo son el interés en diversas formas de meditación por un lado, y la atracción mesmerizante de ciertas piedras preciosas y semipreciosas por otro. Lo mismo se puede decir sobre incontables creencias y prácticas adicionales, cuyos efectos psicobiológicos son a menudo investigados por científicos. De la misma manera, se ha demostrado que el renacimiento cultural del Japón, la India, y otros países asiáticos (el cual ha sido seminal en la creación de numerosos logros del s. 20) tuvo su origen en gran parte debido al trabajo de Blavatsky y sus maestros.2

Aún así, y a pesar de su tremenda influencia, todo ahora da a indicar que los elementos más profundos de La Doctrina Secreta, los que tienen una fuente psicológica, no se han explorado hasta la fecha. Y sin embargo, es precisamente en dichos factores psicológicos que La Doctrina Secreta apunta hacia el corazón mismo de la doctrina secreta de la muy antigua y profundamente influyente filosofía perenne. Estos elementos, como se muestra más adelante, implican que es indispensable tomar en consideración las enseñanzas psicológicas de esa obra. Si no se toman en cuenta los factores psicológicos, es prácticamente imposible comprender de qué se trata la obra de Blavatsky, y es casi inevitable caer en confusiones, y en malas interpretaciones.

Limitaciones metafísicas

A pesar de eso, en el pasado se ha tomado por sentado que La Doctrina Secreta es estrictamente un tratado de metafísica. Dicha concentración sobre los aspectos metafísicos del magnum opus de Blavatsky ha generado una gran producción, dedicada a lo que se podrían considerar los aspectos intelectuales de la enseñanza perenne. Al mismo tiempo, esa concentración también ha resultado, lamentablemente, en que dichos estudios estén repletos de limitaciones, con consecuencias muy considerables, y no siempre felices. Lo mismo se podría decir con respecto a estudios realizados en el s. 20 sobre la filosofía perenne, y sobre las enseñanzas del movimiento de la nueva era.3

Aún así, la perspectiva psicológica de la doctrina secreta --que es la base de La Doctrina Secreta y de las enseñanzas perennes-- nos revela conexiones previamente inesperadas con la obra de J. Krishnamurti. Se ha demostrado, mediante investigaciones muy cuidadosas, que estas conexiones resultan ser indispensables para poder comprender mejor no sólo a Blavatsky (HPB), sino también a Krishnamurti.

El punto más importante en referencia a estas relaciones íntimas se podría expresar de la siguiente manera: La esencia de La Doctrina Secreta, así como de las intuiciones y observaciones de J. Krishnamurti, es la transformación humana.

La expresión "transformación humana" se identifica muy íntimamente con Krishnamurti --existe hasta una serie de sus videos que se llama La Transformación del Hombre. Sin embargo, quizás le suene algo extraña a un estudiante tradicionalista de la gran obra de H.P. Blavatsky. Esto se podría atribuir al hecho de que, históricamente, estudios sobre La Doctrina Secreta han recalcado los aspectos metafísicos de las enseñanzas, y no han tomado en cuenta sus muchas otras dimensiones, particularmente la psicológica. Hasta ahora, ese énfasis ha tenido consecuencias extraordinarias, pues muchísimas de las enseñanzas de la nueva era --las cuales, recordemos, deben todas su origen al trabajo de HPB-- han hecho lo mismo, e interpretado La Doctrina Secreta como si ésta se tratase exclusivamente de una enseñanza metafísica. Los estudios sobre la filosofía perenne en el s. 20 han seguido un patrón similar, pues todos ellos han tomado como premisa fundamental la presunción de que La Doctrina Secreta tiene bases exclusivamente metafísicas. Tales estudios tienden a concentrarse en la cáscara conceptual de la antiquísima filosofía perenne, desconociendo de esa forma la existencia de su corazón psicológico y espiritual.

Ocultismo práctico

Sin embargo, tal punto de vista da la impresión de que malinterpreta muy gravemente la enseñanza cuando ésta se toma en su totalidad, como se muestra en lo que sigue. Pues aunque los aspectos metafísicos tienen su lugar, según HPB representan sólo una de las "siete claves o llaves" necesarias para comprender La Doctrina Secreta.4 Por otro lado, hay evidencia abrumadora para demostrar que la llave psicológica (a la que también se le llama espiritual o mística) es la primera que debe aplicarse, para que cualquiera de las otras tengan un uso práctico para el estudiante serio.5

Esto no debería sorprender, dado que según HPB y sus maestros, desde tiempo inmemorial todas las escuelas esotéricas --sin exepción-- han demandado de cualquiera que desee ser un mero principiante, un alto nivel de moralidad, y una sobresaliente tenacidad de carácter. Una de las enseñanzas más básicas que han dado esas escuelas es que el mero acto de ser aceptado en cualquiera de ellas implicaba una transformación psicológica en términos de lo que la vida en "el mundo exterior" ha sido siempre. Esta enseñanza interna y verdadera, que presenta el corazón mismo de la filosofía perenne, es a lo que HPB se refería siempre que hablaba de "ocultismo". En sus escritos, esa palabra nunca tiene los significados demónicos o superficiales que a menudo se identifican con la misma. Aparte de eso, HPB subrayó la diferencia que existe entre lo que ella llamó ocultismo "teórico" y ocultismo "práctico",

... o lo que se conoce generalmente como Teosofía por un lado, y la Ciencia Oculta por otro, y:

La naturaleza de las dificultades implícitas en el estudio de esta última.

Es fácil ser teósofo. Cualquier persona con capacidad intelectual promedio, y con tendencias metafísicas; que viva una vida pura y altruista, que disfrute más ayudando a su vecino que recibiendo él mismo la ayuda, y que siempre esté en disposición de sacrificar sus propios placeres en aras de ayudar a otras personas; aquel que ame la verdad, la bondad y la sabiduría intrínsecamente, y no por cualquier beneficio que éstas pudiesen conferirle --es un teósofo.6

En otras palabras, la sabiduría antigua toma por sentado que cualquiera que esté interesado sólo en lo que ella llama los aspectos "teóricos" de la enseñanza sería alguien que vive "una vida pura y altruista" --alguien que es un verdadero amante de la verdad y de la bondad, y que por lo tanto no se identifica con ninguna forma de condicionamiento. Claramente, esto implica una mutación psicológica en términos del modo de vida al cual la mayoría de nosotros nos hemos acostumbrado en las diversas culturas humanas, y quizás no sea para todos. Pero eso se refiere sólo al aspecto más superficial o "teórico" de la enseñanza.

El "ocultismo" práctico es aún más estrictamente psicológico que ese ocultismo "teórico", y requiere mucho más espiritualmente del candidato, según Blavatsky. Aquí hay gran sutileza, pues la manera en que HPB presenta lo que es una comprensión "teórica" de la teosofía no tiene que ver en lo más mínimo con aceptar un sistema conceptual. Es más, ella dice específicamente en ese clásico teosófico que para ser teósofo, es suficiente tener "capacidad intelectual promedio" --siempre y cuando se cumplan los requisitos psicológicos y espirituales.

HPB y sus maestros proveyeron muchas clarificaciones como esa, en contextos muy diversos. A pesar de eso, sus enseñanzas se interpretaron de manera tal que es posible percibirlas como si fuesen un mero andamio intelectual, que cualquiera pudiera aceptar o rechazar, basándose exclusivamente en la lógica y en el conocimiento. Desafortunadamente, dicha interpretación intelectual --metafísica-- de lo que es la teosofía continuó teniendo vigencia entre los teósofos, aún un siglo después de su muerte. En el capítulo 2 se muestra cómo esa interpretación intelectual y conceptual sobre la naturaleza de la teosofía proviene directamente de la sociedad victoriana y de sus valores, y no de fuentes esotéricas --y definitivamente nunca de Blavatsky y sus maestros.



Notas

1 La saturante influencia de Blavatsky sobre numerosos logros culturales del s. 20 ha sido documentada ampliamente. Véase, por ejemplo, su biografía definitiva, por Sylvia Cranston, HPB. The Extraordinary Life and Influence of Helena Blavatsky, Founder of the Modern Theosophical Movement, New York: Tarcher/Putnam, 1993 (véase particularmente la Parte 7, "The Century After"); véanse también varias obras por el investigador histórico James Webb, tales como The Occult Underground, La Salle, IL, Open Court, 1976; y The Harmonious Circle: The Lives and Work of G.I. Gurdjieff, P.D. Ouspensky, and Their Followers, Boston: Shambhala, 1987; véase también Alan Watts, In My Own Way. An Autobiography, New York: Pantheon, 1972 (edición en rústica: New York: Vintage, 1972); véase también Kathleen J. Regier, The Spiritual Image in Modern Art, Wheaton: Quest, 1987; véase también Gail Levin y Marianne Lorenz, Theme and Improvisation: Kandinsky & the American Avant-Garde 1912-1950, An Exhibition Organized by the Dayton Art Institute, Boston, Toronto and London: Bulfinch Press, 1992.

2 Véase Joseph Head y S.L. Cranston, Reincarnation: The Phoenix Fire Mistery, New York: Julian Press, 1979 [1977].<

3 Véase, por ejemplo, Theodore Roszak, Unfinished Animal. The Aquarian Frontier and the Evolution of Consciousness, New York: Harper Colphon, 1977 [1975].

4 Sobre las siete llaves o claves, con sus completamente diferentes formas de comunicación, véase, por ejemplo, H.P. Blavatsky, The Secret Doctrine, Adyar: Theosophical Publishing House, 1971, vol 4, pp. 85-86; vol. 5, p. 186, pp. 201-204; sobre la insuficiencia de la clave metafísica, véase: vol. 5, p. 186; véase también referencias a la Doctrina del Corazón en comparación con la Doctrina del Ojo, vol. 5, pp. 387, 406-413.

5 Blavatsky, Secret Doctrine, vol. 2, pp. 78-79, 89-90, vol. 5, pp. 406-413.

6 H.P. Blavatsky, Practical Occultism, and Occultism Versus the Occult Arts, Adyar: Theosophical Publishing House, 1948 [1888], pp. 7-8.


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